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En la subzona de O Rosal, uno de los territorios más singulares y atlánticos de la D.O. Rías Baixas, nace un Albariño que refleja muy bien el carácter floral, salino y elegante del sur de Galicia, Lagar de Pedregales La Floración Albariño 2024.
Este vino es elaborado por la pequeña bodega familiar Lagar de Pedregales, situada en Tomiño (Pontevedra), un proyecto vitivinícola que ha pasado de generación en generación y que actualmente lidera Alba Martínez Guerreiro, nieta del fundador. La filosofía de la casa gira alrededor del respeto por el viñedo, la identidad del terroir de O Rosal y una elaboración muy cuidada orientada a expresar pureza varietal y elegancia atlántica.
El terroir de O Rosal: uno de los grandes secretos de Rías Baixas
La Floración 2024 procede de viñedos de más de 40 años situados en terrazas fluviales sobre suelos de pizarra y esquisto, una combinación que aporta al vino mineralidad, tensión y profundidad aromática. El clima atlántico de O Rosal, suavizado por la cercanía del río Miño y el océano, permite maduraciones lentas y muy equilibradas, conservando la frescura natural de la Albariño.
La vendimia se realiza manualmente, seleccionando cuidadosamente la uva en el viñedo. Posteriormente se lleva a cabo una maceración pelicular suave y un prensado ligero antes de la fermentación en depósitos de acero inoxidable a temperatura controlada. Uno de los aspectos más interesantes del vino es su crianza de seis meses sobre lías finas con batonnage, un trabajo que aporta textura, amplitud y complejidad sin perder viveza ni expresión frutal.
Un Albariño más profundo y gastronómico
Aunque mantiene la frescura típica de Rías Baixas, La Floración 2024 busca un perfil ligeramente más serio y estructurado que muchos Albariños jóvenes orientados únicamente a la explosión aromática inmediata.
En copa presenta un atractivo color amarillo pajizo brillante con reflejos dorados.
La nariz resulta elegante y bastante compleja, combinando fruta de hueso madura —melocotón, albaricoque y nectarina— con flores blancas, recuerdos cítricos y un delicado fondo mineral. También aparecen ligeras notas salinas y herbáceas muy propias de los grandes vinos atlánticos gallegos.
En boca destaca especialmente por su equilibrio entre frescura y volumen. Tiene una entrada amplia, textura cremosa gracias al trabajo sobre lías y una acidez muy bien integrada que aporta longitud y tensión. El final es persistente, con recuerdos cítricos, fruta blanca madura y una elegante sensación salina.
Es un Albariño que combina muy bien capacidad gastronómica y disfrute inmediato.
Para decidir
Estamos ante un Albariño de pequeña producción con alma atlántica que apuesta por una interpretación más auténtica y ligada al territorio. Hay fruta, sí, pero también textura, mineralidad y una clara sensación de paisaje.

Pedro Guerra
Amante del vino. Siempre a la búsqueda de nuevos vinos que poder recordar.

