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Klein Constantia — «1685» — Vin de Constance 2015
Natural Sweet Wine — Constantia, Sudáfrica
La finca que nació de una decisión científica
La historia de este vino comienza con un acto de rigor botánico que hoy nos parecería contemporáneo: un gobernador colonial recorriendo el extremo sur de África con muestras de tierra en la mano, buscando el lugar exacto donde plantar sus vides.
Constantia, la primera finca vinícola del sur de África, fue establecida en 1685 por Simon van der Stel, gobernador de la VOC en el Cabo. Van der Stel, viticultor apasionado, fue el primero en reconocer el potencial del suelo de granito descompuesto de esta región mirando hacia False Bay, rodeada de océano por dos lados. Había mandado tomar muestras de tierra de toda la región del Cabo para analizarlas, y eligió este lugar para plantar sus vides, al que llamó Constantia.
El nombre «Constance» fue dado en honor a la esposa de Simon van der Stel. Un vino bautizado con el nombre de una mujer, destinado a conquistar a reyes. Hay en ese gesto algo que prefigura perfectamente lo que este vino llegaría a ser: un obsequio pensado para quienes merecen lo mejor.
Tras la muerte de Van der Stel en 1712, la finca fue dividida y vendida en tres partes. La porción que rodeaba la casa señorial fue vendida a la familia Cloete en 1778, quienes ampliaron los viñedos e introdujeron variedades como el Muscat Blanc à Petits Grains. A la muerte de Hendrik Cloete en 1818, la finca fue dividida, y la parte superior pasó a llamarse Klein Constantia. Fue precisamente bajo los Cloete cuando el Vin de Constance alcanzó la cima de su fama mundial.
El vino que bebieron los poetas y consoló a un emperador
Pocos vinos en la historia pueden reivindicar un linaje literario tan extraordinario como este. No es un vino que aparezca en libros de texto de enología. Aparece en poemas. En novelas. En los últimos deseos de un hombre que había conquistado Europa.
Napoleón Bonaparte tenía enviados hasta 1.126 litros de vino de Constantia en barriles de madera cada año a Longwood House, su residencia en el exilio en Santa Elena, desde 1815 hasta su muerte en 1821. El Conde de Las Cases relató que, en su lecho de muerte, Napoleón rechazó todo lo que le ofrecieron excepto una copa del vino de Constantia. No pidió agua. No pidió su medicina. Pidió Constantia. Hay algo sobrecogedor en ese detalle: el último placer sensorial del hombre que había cambiado el mapa de Europa fue un sorbo de este vino de granito sudafricano.
El poeta francés Baudelaire, tras visitar Groot Constantia, encontró que el sabor de su vino le rondaba la mente durante mucho tiempo. En su gran poema Les Fleurs du Mal, publicado en 1857, lo asocia con la más intensa de las experiencias: «je préfère au constance, à l’opium, aux nuits, l’elixir de ta bouche où l’amour se pavane» — «Prefiero al Constance, al opio, a las noches, el elixir de tu boca donde el amor se pavonea». Que Baudelaire sitúe a este vino en la misma terna que el opio y la noche dice todo sobre su poder sobre los sentidos.
Sus vinos dulces son celebrados en la literatura de Austen, Dickens y Baudelaire; buscados por Napoleón durante su exilio; y sus vinos abastecieron las cortes de Europa durante los siglos XVIII y XIX. Y sin embargo, como tantas cosas bellas, llegó la catástrofe.
El vino languideció en la quiebra en los años 1870, hasta que resurgió con la primera cosecha de Vin de Constance en más de un siglo, en 1990. La filoxera había arrasado los viñedos en las últimas décadas del siglo XIX, y con ellos se perdió no solo la producción sino también, durante décadas, la memoria precisa de cómo se elaboraba. Un vino que había adornado las mesas de Luis XVI y María Antonieta, que había calmado el destierro de Napoleón, que había inspirado versos a Baudelaire, quedó durante un siglo en silencio.
La resurrección: Duggie Jooste y la búsqueda de la cepa perdida
En la década de 1980, Duggie Jooste de la finca Klein Constantia, junto con el enólogo Ross Gower, decidieron intentar recrear el vino original. La idea fue propuesta en primer lugar por el viticultor Profesor Chris Orffer.
La empresa era arqueológica tanto como enológica. ¿Cómo se hacía el Vin de Constance original? ¿Qué uva se usaba exactamente? Fue crucial encontrar material vegetal que se aproximara lo más posible a una variedad utilizada para la antigua Constantia. Tuvieron una fortuna excepcional cuando Ernst le Roux, uno de los vitícultores más eminentes del país, pudo propagar un clon especial de Muscat de Frontignan en el vivero Ernita de Wellington. Como no se encuentran registros de importaciones de Muscat de Frontignan a Sudáfrica desde los tiempos de Simon van der Stel, es probable que el stock original procediese de sus viñedos. El mismo clon. Las mismas vides, tres siglos después.
La fórmula resultó un gran éxito, con una calidad consistente a lo largo de los años. Klein Constantia lanzó su primera cosecha de la era moderna en 1986, y desde entonces no ha parado de cosechar elogios internacionales. En 2011, la familia Jooste vendió Klein Constantia a los inversores Zdenĕk Bakala y Charles Harman, que fusionaron la finca con los viñedos de Anwilka en 2012, sumando al equipo a Hubert de Boüard, de Château Angélus, y a Bruno Prats, anteriormente de Château Cos d’Estournel. La llegada de estas figuras borgoñesas y burdolesas no fue casual: es la señal más elocuente de que este vino sudafricano juega en la liga más alta del mundo.
El Muscat de Frontignan y el secreto de la elaboración
La finca Klein Constantia, descrita como uno de los viñedos más hermosos del mundo, está situada entre árboles centenarios y vegetación exuberante en las estribaciones del Constantiaberg, con vistas magníficas sobre el Valle de Constantia y False Bay. El suelo de granito descompuesto, gentilmente refrescado por las brisas oceánicas, y la historia de 340 años le dan a sus vinos unas condiciones únicas.
Para la elaboración del Vin de Constance se mantiene separado cada lote de uvas. Por un lado, se apartan las bayas más maduras con buena acidez y por otro se tienen en cuenta las pasas para la concentración de azúcar. Después, un 50% del vino envejece en barricas de 500 litros y un 50% en foudres de roble francés durante 36 meses con sus lías. Finalmente se mezclan los diferentes vinos y pasa 6 meses más en reposo antes de ser embotellado.
La fermentación tiene lugar en barricas de roble, y puede durar hasta un año entero debido a la riqueza del mosto. El vino se mantiene después en barrica durante hasta 5 años más sobre sus lías, lo que añade capas adicionales de riqueza y textura.
El resultado es un vino sin adición de alcohol —de ahí su denominación Natural Sweet—, donde toda la dulzura proviene exclusivamente de la uva. No es un vino fortificado. Es un vino que ha llegado solo a donde está, a fuerza de paciencia, de fruta madura y de tiempo.
Ficha técnica
| Denominación | Constantia WO — Coastal Region, Sudáfrica |
| Productor | Klein Constantia Estate |
| Fundación de la finca | 1685 — Simon van der Stel |
| Añada | 2015 |
| Uva | Muscat de Frontignan (Muscat Blanc à Petits Grains) 100% |
| Tipo | Natural Sweet Wine — sin adición de alcohol |
| Azúcar residual | ~172 g/l |
| Crianza | 36 meses en barricas de 500 l y foudres de roble francés, sobre lías; 6 meses adicionales en reposo |
| Alcohol | 13,90% vol. |
| Formato | 500 ml — botella histórica sellada a mano con lacre |
| Servicio | 10-12 °C — aperitivo, sobremesa o meditación |
| Puntuaciones | 96/100 James Suckling · 95/100 Decanter · 93/100 Wine Spectator |
La cata
La vista — Oro de catedral en el Cabo
En la copa, el Vin de Constance 2015 se presenta con un color amarillo brillante con un discreto tono dorado, cálido y luminoso, que recuerda al interior de un tarro de miel a contraluz. No es un dorado pesado ni oxidativo: es el oro vivo de la fruta en su punto más alto de madurez, un oro que promete antes de que uno se lleve la copa a los labios. La apariencia es vibrante y tentadora, ya desde ese aspecto brillante y dorado.
La lágrima, densa y oleosa, desciende con lentitud glicerinada por las paredes del cristal, dejando una huella de azúcar y cuerpo que anuncia la riqueza de lo que viene. Es un vino que se mueve como la miel: sin prisa, con peso, con la conciencia de su propio valor.
La nariz — El jardín nocturno del Cabo
Acerque la copa y no haga nada. Espere. Este Vin de Constance despliega su nariz de manera paulatina, como si supiera que tiene mucho que contar y no quisiera decirlo todo de una sola vez.
La nariz es muy elegante, con aroma de Muscat, albaricoques desecados, piel de naranja confitada, atisbos de pasas, miel y flores blancas. El Muscat de Frontignan es quizás la uva más perfumada del mundo, y aquí aparece en toda su gloria: no como un perfume de floristería sino como la fragancia de un jardín real en una tarde de otoño, donde la fruta madura convive con la flor tardía.
La nariz es asombrosamente compleja: naranja, albaricoque y caramelo, junto a notas de flor de azahar, menta y otras hierbas frescas, jengibre y especias. Hay también, como telón de fondo, un hilo de fruta desecada, algo de botritis, orejones de albaricoque y mermelada de mandarina que aportan profundidad y carácter.
Los aromas son decadentes y ricos: miel, tarta de albaricoque, melaza, caramelo y flores blancas secas. Con más tiempo en copa, aparece un ramillete de flor de naranja y enebro, con notas de mango seco y damasco confitado. Es una nariz que evoluciona. Que no agota sus secretos en la primera aproximación.
El paladar — La dulzura con columna vertebral
La entrada en boca es el gran momento revelador de este vino, porque aquí es donde se comprende por qué el Vin de Constance no es simplemente un vino dulce: es un vino dulce con arquitectura.
En el paladar es muy elegante y todavía muy rico, con impresionante precisión, equilibrio perfecto entre acidez fina y dulzura; el sabor repite los aromas de la nariz. Es un vino marcado por una gran profundidad, tensión y longitud, que establece un nuevo referente de estilo para el Vin de Constance.
La dulzura es intensa, exuberante, pero nunca pesada, porque la acidez actúa como contrapeso magistral. El paladar es rico y pleno pero energético gracias a una vibrante línea de acidez; el final es largo y salino. Impresionante. Es esa tensión entre azúcar y acidez la que convierte a este vino en algo que se puede beber —y volver a beber— sin fatiga del paladar.
El mouthfeel es rico y cremoso, con una acidez refrescante. Hay notas de mango seco y damasco confitado, acentuadas por atisbos de pasta de membrillo, madreselva y té verde endulzado. Rico e intenso, pero con una acidez penetrante que entrega equilibrio. Largo y complejo.
El retrogusto es largo, mineral, con ese punto salino que es la firma del granito descompuesto del Constantiaberg. El final es persistente, con una nota cítrica y zesty que invita a volver. Un minuto después de tragar, el vino sigue estando presente. Eso es longitud. Eso es carácter.
Valoración global
| Aspecto | Puntuación |
|---|---|
| Vista | ★★★★½ |
| Nariz | ★★★★★ |
| Paladar | ★★★★★ |
| Equilibrio dulzura/acidez | ★★★★★ |
| Historia y emoción | ★★★★★ |
| Global | 95-96 / 100 |
El néctar que sobrevivió a todo
Este néctar excepcional, elixir favorito de los grandes de este mundo, servido en las mesas de príncipes y poetas, es uno de los vinos más prestigiosos del mundo. Pero lo que hace verdaderamente extraordinario al Vin de Constance 2015 no es su historia —aunque esa historia sea única en el mundo del vino— sino su capacidad de estar a la altura de ella.
Podría ser un vino que viviera de rentas históricas, que se vendiera únicamente por el peso del nombre y de los siglos. No lo es. Klein Constantia ha desarrollado una reputación como una de las fincas vinícolas más destacadas de Sudáfrica, con puntuaciones consistentemente superiores a 90 puntos en publicaciones como Wine Spectator y Robert Parker.
El 2015 catado en 2026 tiene once años en botella y está, según la mayoría de los críticos, todavía en su mejor momento o muy cerca de él. Se puede beber ya y hasta 2030. Aún le queda vida, aún tiene cosas que decir, aún está abriendo sus capas más profundas. Pero quien lo abra hoy no tendrá ningún motivo para arrepentirse.
La botella histórica, sellada a mano con un tapón de cera, le da al Vin de Constance toda su dimensión única y legendaria. Es uno de esos raros objetos —como un libro antiguo, como una carta preservada— donde el continente y el contenido tienen el mismo peso poético.
Sírvalo fresco. Sírvalo en buena compañía. Y cuando lo beba, recuerde que está bebiendo el mismo vino que Baudelaire prefirió al opio y a la noche.
«Incluso más que el Constance, que el opio, que las noches… el elixir de tu boca.»
— Charles Baudelaire, Les Fleurs du Mal, 1857

José Luis del Campo
José Luis del Campo. Sumiller. Asesor online de bodegas. CEO en Socialmedia Network.

