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Olivier Leflaive, la alta costura del vino en Borgoña
Un linaje, una filosofía, una Côte de Beaune
[dropcap]H[/dropcap]ay casas de vino cuya historia se escribe sola, porque el apellido que las sostiene lleva tres siglos siendo sinónimo de grandeza. Hay otras que surgen de una apuesta audaz, de una idea que muchos consideraron descabellada. Olivier Leflaive es, curiosamente, las dos cosas al mismo tiempo.
La familia Leflaive lleva asentada en Puligny-Montrachet desde 1717. Fue Joseph Leflaive quien fundó el Domaine familiar a comienzos del siglo XX, adquiriendo parcelas en los mejores Grand Cru del pueblo y apostando por embotellar y vender su propio vino directamente. Con su fallecimiento en 1953, sus hijos Joseph-Régis y Vincent asumieron el negocio.
Pero la historia de Maison Olivier Leflaive comienza en realidad en 1982, cuando un joven que había vivido durante años entre la música y las artes de París regresa a su tierra. En 1981, tras su periplo artístico en la capital francesa, Olivier Leflaive vuelve a sus raíces borgoñonas para codirigir la propiedad familiar junto a su tío Vincent. En 1984, con el apoyo de su hermano Patrick y la guía de su tío, crea la empresa que lleva su nombre.
La idea que alumbró ese proyecto era inédita en Borgoña. Todo comenzó con un encargo del importador estadounidense Frederick Wildman, que buscaba vinos de Meursault y Chassagne-Montrachet. La propiedad familiar no tenía viñas en esas apelaciones ni capacidad para vinificar más uva. Así que Olivier creó una estructura de négociant con su propio nombre: comprar uva y mosto, vinificarlos y criarlos con los mismos métodos del domaine familiar, y venderlos en primeur, antes del embotellado. No estaba solo en esta apuesta: su hermano Patrick se convirtió en copropietario, y su tío Vincent actuó como asesor, presentándole a los mejores viticultores de la Côte.
Fue así como nació el comercio de vinos «Haute-Couture». Su filosofía: producir grandes vinos a partir de un trabajo minucioso, de la vid a la bodega, con un control total sobre la vinificación y la crianza que permite dar a cada cuvée un tratamiento individual, al estilo de un Domaine.
Hoy, Olivier Leflaive es considerado la 18ª generación de una saga que ha convertido Puligny-Montrachet en el epicentro del Chardonnay mundial. Con 100 hectáreas de uva vinificada y 26 propias —incluyendo los célebres Grand Crus Bâtard-Montrachet, Chevalier-Montrachet y Montrachet—, la maison da vida a grandes vinos que revelan la autenticidad de los Climats de Borgoña respetando las técnicas tradicionales: vendimia manual y crianza en barricas de roble magistralmente gestionada por su apasionado equipo.
El arquitecto silencioso de esa consistencia tiene nombre y apellido. En 1988, Franck Grux asumió el puesto de enólogo jefe y lo mantiene hasta hoy. A lo largo de más de tres décadas, ha forjado relaciones sólidas y duraderas con los mejores viticultores, y la calidad de los vinos es sobresaliente. Ninguna cantidad de adjetivos puede hacerle justicia: sus vinos ofrecen pureza, concentración y aplomo admirables — la definición misma de la elegancia en copa.
El domaine defiende además una viticultura comprometida con el entorno. Todos los viñedos propios están gestionados bajo la certificación HVE (Alto Valor Medioambiental) nivel 3, el nivel más exigente reconocido en Francia.
Pionero en enoturismo, Olivier abrió en 1997 el restaurante La Table d’Olivier Leflaive y en 2006 un hotel de cuatro estrellas en un edificio del siglo XVII en el corazón de Puligny-Montrachet. Hoy, la maison ofrece visitas técnicas a pie guiadas por sommeliers, un «Wine Bike» eléctrico que recorre los viñedos de Meursault, Puligny-Montrachet, Chassagne-Montrachet y Pommard, y catas comentadas en sus históricas bodegas.
El mapa de los vinos: seis cuvées, seis territorios
BOURGOGNE BLANC LES SÉTILLES — La puerta de entrada a un mundo mayor
Si hay un vino que resume la vocación pedagógica y la exigencia de Olivier Leflaive, ese es Les Sétilles. Una cuvée de apelación regional que se niega a comportarse como tal.
Elaborado a partir de una selección de parcelas situadas tanto en el municipio de Puligny-Montrachet como en Meursault, este Bourgogne Blanc resulta deliciosamente afrutado y de notable longitud en boca. Un blanco que supera ampliamente los estándares de su categoría.
Normalmente integra uva procedente de unas 65 parcelas distintas, con entre el 65 y el 70 por ciento vinificado en barrica. Se filtra y se ensambla antes del embotellado, previsto para principios de noviembre.
Cata sensorial: En nariz se despliega una amplitud de frescura cítrica madura — una sensación de peso y densidad. Brillante, directa, efervescente de energía, con un acento salino inequívoco. En boca, oleadas de sabor mineral sabroso de impresionante persistencia para su categoría. En algunas añadas muestra notas de fruta seca, albaricoque, hierbas y madreselva. Un equilibrio mucho más fino en paladar que en nariz, y realmente disfrutable. Con una relación calidad-precio difícil de igualar.
AUXEY-DURESSES — El secreto mejor guardado de la Côte de Beaune
Pocos vinos de Borgoña ofrecen tanto por tan poco como el Auxey-Duresses de Olivier Leflaive. Una apelación habitualmente eclipsada por sus vecinas Meursault y Volnay, pero que en las mejores manos ofrece vinos de asombrosa personalidad.
La AOC Auxey-Duresses seduce por su equilibrio y riqueza aromática. Agrupa 9 Climats clasificados como Premier Cru: Bas des Duresses, Climat du Val, Clos du Val, La Chapelle, Les Bréterins, Les Duresses, Les Écusseaux, Les Grands Champs y Reugne.
Cata sensorial: El Auxey-Duresses de Olivier Leflaive presenta un delicado perfume floral en nariz. En boca, muestra un cuerpo medio con acidez media-alta. Los sabores de pomelo y cítricos dominan el escenario, mientras que la piedra mojada y la manzana verde aportan una complejidad adicional. Una lectura sorprendentemente fresca de una añada cálida. Encantará a los paladares que buscan frescura. En otras añadas, muestra sabores intensos de manzana Golden y pera con matices de almendra. Bastante pleno, casi de una textura decadente, conserva suficiente vivacidad para sostener su peso con equilibrio y elegancia. El postgusto es largo y mineral.
ALOXE-CORTON — El anfiteatro del Pinot Noir
La Montagne de Corton es uno de los paisajes más imponentes de toda Borgoña: un cerro majestuoso coronado por un bosque que cobija algunos de los Grand Crus más poderosos del mundo. Aloxe-Corton es su municipio central, y la cuvée de Olivier Leflaive captura esa grandeza en tinto.
Los viñedos de la apelación Corton se sitúan en un excepcional anfiteatro natural con una exposición sur/sureste única. El municipio de Aloxe-Corton cuenta con 14 Premiers Crus clasificados: Clos des Maréchaudes, Les Chaillots, Les Fournières, Les Valozières, Les Vercots, entre otros. Los suelos son de caliza batoniense, ricos en elementos férreos y margas que confieren a los vinos un aspecto estructurado, agreste y concentrado.
Las cuvées de Aloxe-Corton expresan la profundidad y la complejidad de los tintos de Borgoña, conservando al mismo tiempo la elegancia característica de la maison.
Cata sensorial: La robe es de un rubí intenso y profundo. En nariz, frutos rojos — frambuesa, fresa, cereza — entrelazados con frutos negros como grosella y mora. En boca, un cuerpo firme y estructurado, con taninos ricos y agradables. La mineralidad ferruginosa del terroir aflora en el retro-olfato con la firmeza de quien conoce bien su origen. Un tinto que pide tiempo y que recompensa la espera.
POMMARD — La potencia elegante de la Côte de Beaune
Pommard es, junto con Gevrey-Chambertin, el nombre más reconocible de los tintos borgoñones a escala mundial. Un vino que, cuando está bien hecho, conjuga potencia y elegancia de forma insuperable.
En Olivier Leflaive, el Pommard se elabora con uva procedente principalmente de las laderas —Vignots, Noizons, Chanlins y Vaumuriens— buscando construir un vino elegante que respete el carácter pleno y levemente rústico en juventud que es seña de identidad de la apelación. Los suelos son esencialmente arcillo-calcáreos de color pardo. Las uvas de distintas parcelas se ensamblan en depósito.
La vinificación es meticulosa: vendimia cien por cien manual, selección rigurosa en bodega, un 30% de racimos enteros y un 70% despalillados, fermentación alcohólica en cubas abiertas durante 18 días, seguida de 15 meses de crianza en barricas de roble, de las cuales un 28% son nuevas.
Cata sensorial: La nariz afrutada se abre con moras, grosellas negras y cerezas. El cuerpo es pleno y generoso, con una estructura tánica hermosa y persistente. Notas de vainilla, humo, cereza y especias se alternan en nariz y boca. Vibrante, con una columna vertebral firme y un postgusto de fruta y especias de larga duración. En juventud puede mostrarse algo austero, incluso levemente rústico en sus aristas: es la firma inconfundible de Pommard. Con el tiempo, esas aristas se redondean y el vino gana en complejidad y profundidad.
PULIGNY-MONTRACHET — El Chardonnay absoluto
Si existe una cuvée que encarna el alma entera de Olivier Leflaive, es su Puligny-Montrachet. El vino que da nombre al pueblo donde nació la maison, elaborado con parcelas de uno de los terruños más extraordinarios del planeta.
Puligny-Montrachet es fuente de algunos de los Chardonnay más jugosos, sedosos y elegantemente florales de toda la Côte de Beaune. Comparte con Chassagne-Montrachet dos de sus Grand Crus: Le Montrachet y Bâtard-Montrachet. Los otros dos, que pertenecen en exclusiva al municipio de Puligny, son Chevalier-Montrachet y Bienvenues-Bâtard-Montrachet.
El Puligny-Montrachet de Olivier Leflaive es una mezcla de 25 parcelas distintas. Bajo la supervisión del enólogo Franck Grux, los vinos se vinifican, ensamblan y crían exactamente como lo harían en un domaine de primer nivel.
Cata sensorial: Expresa aromas nobles y distinguidos, con notas de cítricos, una hermosa mineralidad y matices tostados. La boca es elegante y tónica, con una persistencia muy prolongada. En copa, un color limón brillante. Los aromas de fruta madura — manzana verde, pera, fruta de la pasión, fruta de hueso — se entrelazan con notas florales y mineralidad, creando un vino complejo y refinado. Evoluciona hacia un postgusto largo, recogiendo notas minerales y especias de repostería, mostrando una longitud y un equilibrio sobresalientes.
Aromas punzantes y sabores entregados con una mineralidad magra y crujiente, y una fineza perfectamente controlada. Un vino que representa la esencia misma de lo que Olivier Leflaive puede extraer de Puligny.
CHASSAGNE-MONTRACHET — Poder y seducción del sur
Chassagne-Montrachet es la cara sur del díptico dorado que cierra la Côte de Beaune. Mientras Puligny irradia tensión y verticalidad, Chassagne ofrece una riqueza más carnal, una amplitud más generosa, sin renunciar nunca a la mineralidad que hace inconfundibles a los grandes blancos de Borgoña.
Olivier y Patrick recuperaron en 2010 su herencia familiar, que incluye parcelas en Chassagne-Montrachet 1er Cru Abbaye de Morgeot — hoy «Récolte du Domaine» — junto con Chevalier-Montrachet Grand Cru, Bâtard-Montrachet Grand Cru, Puligny-Montrachet 1er Cru Les Pucelles y Meursault 1er Cru Blagny Sous le Dos d’Âne.
El Chassagne-Montrachet de Olivier Leflaive muestra el lado más redondo y pleno del Montrachet, con toda la potencia de las mejores añadas. Les Pierres —una de sus cuvées más destacadas— tiene bastante arcilla en su suelo, pero el vino exhibe una veta mineral sólida que sirve de contrapunto maravilloso a la riqueza del conjunto, llevando el equilibrio a un punto de precisión notable.
Cata sensorial: Color amarillo dorado de cierta densidad. La nariz es inmediatamente más generosa que la de su vecina del norte: melocotón blanco, pera conferencia, flor de acacia y una nota muy sutil de avellana tostada. La madera está presente pero integrada con maestría. En boca, la textura es redonda y suntuosa, con una amplitud de sabor que ocupa toda la paleta. La acidez, bien calibrada, actúa como eje de equilibrio. El postgusto es persistente, largo, con un retorno mineral limpio que invita a la siguiente copa.
La maison como experiencia
Olivier Leflaive no es solo una bodega. Es un lugar donde el vino se vive, se explica y se comparte. Instalada en el corazón de los Climats de Borgoña —declarados Patrimonio Mundial de la UNESCO— la Maison abre sus puertas con humour y pasión: los hermanos Olivier y Patrick reciben a los visitantes en sus bodegas, donde los Grand Crus maduran lentamente hacia lo excepcional. La visita descorre el velo sobre los secretos de la vendimia, la fermentación, la crianza y el embotellado.
La filosofía que guía cada vino es la misma que ha guiado a la maison desde su fundación: Olivier Leflaive es un verdadero embajador del terruño y la elegancia de Borgoña. Sus vinos, ya sean Chardonnays finos y equilibrados o Pinots Noirs delicados, cautivan por su pureza aromática y su expresión sincera del terroir. Cada botella es un homenaje a la tradición y a la pasión de un vigneron que convirtió una apuesta descabellada en una de las referencias imprescindibles de la Côte de Beaune.
Desde la copa accesible de Les Sétilles hasta la grandeza silenciosa del Montrachet, pasando por la musculatura elegante de Pommard o la mineralidad cristalina de Puligny, la gama de Olivier Leflaive es, en sí misma, un recorrido completo por el alma de Borgoña.

Pedro Guerra
Amante del vino. Siempre a la búsqueda de nuevos vinos que poder recordar.
