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Los huevos de hormigón en la elaboración de los vinos
En ocasiones hablamos de temas en el mundo del vino en el magazine pensando que los lectores lo comprendéis, y dando por supuesto cosas que no deberíamos. Por ese motivo hoy queremos acercaros algo que para nosotros es habitual pero puede que para alguno no lo sea tanto. Y es el tema de los huevos de hormigón en la elaboración de los vinos.
Cuando hablamos de los vinos de Jerez, a todo el mundo les viene a la mente las tradicionales ‘botas jerezanas’, las soleras y las criaderas, como principal método empleado en la elaboración de los vinos.
Si hablamos de los tradicionales vinos de Rioja, todos asocian la crianza a barricas de roble, francés, americano,…
Pero en la última década del siglo pasado y la primera de este, hubo un cambio de tendencia en algunas zonas donde se buscaba más frescura en los vinos y evitar el dominio de la madera en el resultado final. Fue cuando empezaron a primar los depósitos de acero inoxidable. Sin embargo surgieron críticas ya que tendía a estandarizar todos los vinos y no permitir desarrollar a cada vino una personalidad propia.

Es cuando llegó el turno del hormigón armado sin recubrimientos, usado al desnudo. Era una forma ideal para conseguir una inercia térmica del recipiente, teniendo en cuenta la potencial porosidad está su porosidad y la capacidad para ceder calcio (si no está bien franqueado) que le da una peculiaridad propia en el sabor de los vinos.
Es el momento cuando los huevos de hormigón en la elaboración de los vinos entran a ser algo más habitual.

¿Por qué el formato ovoide que es lo que hace que se les denomine huevos?
Lo habitual es que sean entre 1500 y 3000 litros, y en su formato está el hecho de que permite una recirculación interna natural, que refleja en los vinos estilos más naturales e identitarios, más bien diríamos que diferenciadores. Lo mismo pasa con las ánforas de greda, que además oxigenan el vino y terminan conservando su propia fauna de levaduras.
Y es que estos huevos de hormigón favorecen la microoxigenación inherente a la porosidad del material. La circulación que os comentábamos antes ayuda a que las lías sean levantadas permanentemente por una corriente interna en forma de vórtice.
Son empleados en muchas bodegas para obtener vinos diferentes y personales.
