![]()
Repensando los maridajes del jamón ibérico
Aunque el instinto te diga que busques un vino tinto intenso para acompañar la intensidad del jamón de bellota, los taninos intensos pueden eclipsar los delicados matices de la carne. El verdadero secreto para realzar el jamón ibérico de bellota reside en el contraste: se necesita acidez y frescura para destacar la gloriosa y cremosa grasa que hace que este jamón sea tan apreciado. Al cambiar los tintos con cuerpo por blancos frescos o rosados secos, limpias el paladar entre bocados, asegurando que los complejos sabores a frutos secos de la carne sean los protagonistas en lugar de quedar sepultados.
Para los amantes del vino blanco, las opciones secas y salinas son la mejor opción. Un vino fino o manzanilla bien frío es la opción tradicional andaluza, ya que sus notas de levadura y sal reflejan a la perfección el proceso de curación del jamón. Si el jerez no es lo tuyo, opta por un blanco de alta acidez como un albariño gallego o un champán muy seco. Las burbujas y el brillo de estos vinos actúan como una navaja, cortando la riqueza de la grasa y resaltando las notas dulces y sabrosas de umami que hacen único al jamón de bellota.
No pase por alto un rosado seco de alta calidad, especialmente los elaborados con Garnacha o Tempranillo. Un rosado pálido y mineral aporta la estructura justa y un toque de fruta roja que complementa el dulzor de la carne sin la astringencia de un vino tinto con cuerpo. Ya sea que elija un cava espumoso, un jerez salado o un fresco Rosado, el objetivo es el equilibrio; mantener el vino ligero y fresco garantiza que cada loncha de jamón sea la pieza central inolvidable de su tabla.

Juanjo Tarud
Juanjo Tarud. Winemaker,experto en comercio internacional.

