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Las grandes rutas del vino del mundo (XII): Alsacia y el Valle del Mosela, pueblos de cuento y riesling eterno
Una guía definitiva para el enoturista
Dos rutas, una misma magia germánica
Alsacia y el Mosela son dos experiencias distintas que se complementan perfectamente en un mismo viaje. Alsacia es francesa con alma alemana: sus casas de entramado de madera pintadas en colores, sus mercados navideños, sus strudels y su Riesling son inconfundibles. El Mosela es alemán con alma medieval: sus castillos sobre el río, sus viñedos en las laderas más empinadas de Europa y su Riesling de acidez vibrante son únicos en el mundo.
La Ruta del Vino de Alsacia es la más antigua de Francia, creada en 1953, y se extiende a lo largo de 170 kilómetros entre Marlenheim y Thann, serpenteando entre viñedos centenarios y pasando por pueblos medievales clasificados entre los más bonitos de Francia. Localidades como Riquewihr, Eguisheim, Ribeauvillé y Kaysersberg son paradas obligatorias.
En el lado alemán, el Mosela alberga la región vinícola más antigua del país: los romanos ya cultivaban vino a orillas del río Mosela hace 2.000 años, y aquí se encuentran los viñedos más empinados de Europa. Tras el castillo de Burg Eltz, el viajero continúa por el río pasando por pintorescos pueblos vinícolas como Cochem, Traben y Bernkastel-Kues, hasta llegar a Tréveris, antigua ciudad romana con más de 2.000 años de historia.

Bodegas imprescindibles
En Alsacia: Domaine Trimbach (Ribeauvillé) y Hugel & Fils (Riquewihr) son los grandes nombres del Riesling alsaciano, vinos secos y de gran capacidad de envejecimiento. Domaine Bott-Geyl (Beblenheim) es la referencia para el Gewürztraminer más exótico y perfumado. Albert Boxler (Kaysersberg) trabaja en bidinámico y produce Rieslings de complejidad legendaria. Dopff au Moulin (Riquewihr) es el referente del Crémant d’Alsace, el espumoso local elaborado por método tradicional.
En el Mosela, los grandes nombres son Joh. Jos. Prüm (Wehlen), cuyo Wehlener Sonnenuhr es uno de los Riesling más venerados del mundo, Dr. Loosen (Bernkastel) y Egon Müller (Wiltingen, en el Saar), cuyo Scharzhofberger puede alcanzar los 10.000 euros por botella en subasta.
Monumentos y patrimonio
En el corazón del Mosela, Bernkastel-Kues es conocida por sus casas de entramado de madera y su encanto medieval cautivador; Coblenza, donde convergen el Rin y el Mosela, ofrece vistas impresionantes desde la Deutsches Eck. Tréveris conserva la Porta Nigra —la mayor puerta romana intacta al norte de los Alpes—, el Anfiteatro romano, las Termas Imperiales y la Basílica de Constantino, todos Patrimonio de la Humanidad. En Alsacia, el Castillo de Haut-Koenigsbourg, reconstruido por el Kaiser Guillermo II y encaramado en un espolón rocoso de los Vosgos, es una de las visitas más impresionantes del noreste francés. Estrasburgo con su catedral gótica y su barrio de la Petite France —islas y canales entre casas de colores— y Colmar, la capital de los vinos alsacianos, son paradas ineludibles.
Gastronomía
El choucroute garni (chucrut con carne de cerdo y embutidos ahumados) acompañado de un Pinot Gris o un Gewürztraminer es el maridaje estrella de Alsacia. La tarte flambée (flammekueche), con crema fresca, cebolla y lardones, es la versión alsaciana de la pizza y el aperitivo perfecto con un vino blanco fresco. El foie gras, muy presente en la región, combina con cualquier estilo alsaciano.
En el lado alemán, la gastronomía del Mosela gira en torno al Riesling Spätlese con trucha del río, la Sauerbraten (carne marinada en vinagre) y los Flammkuchen que los dos lados de la frontera se disputan como propios.



Bucle en el Río Mosela

Sobrelías Redacción
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