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La fuente que mana vino en Navarra, una parada que no te esperas

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fuente que mana vino en Navarra

La fuente que mana vino en Navarra, una parada que no te esperas

Imagínate que llevas cuatro horas andando con la mochila al hombro, los pies empezando a pedir una tregua, y de repente, encastrada en un muro de piedra al borde del camino, aparece una fuente con dos grifos. Abres uno y sale agua. Normal. Abres el otro y sale vino. Vino de verdad, tinto, joven y gratuito. Ese momento, que parece sacado de una leyenda medieval, ocurre cada día en Ayegui, un pequeño municipio navarro a pocos kilómetros de Estella-Lizarra, en la etapa del Camino Francés que lleva hacia Los Arcos.

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El lugar es la Fuente del Vino de Bodegas Irache, y si nunca has oído hablar de ella, es muy probable que hayas visto sus vídeos en TikTok o Instagram sin saber que estabas mirando un rincón real de Navarra.

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Un grifo, cien litros y una inscripción que lo dice todo

Cada mañana, la bodega carga la fuente con unos cien litros de vino tinto joven de cosecha propia, de la D.O. Navarra. Y ahí se queda, al alcance de cualquiera que pase. Grabada en piedra junto al grifo hay una frase que resume perfectamente el espíritu del sitio: «Peregrino, si quieres llegar a Santiago con fuerza y vitalidad, de este gran vino echa un trago y brinda por la felicidad.» Y debajo, un aviso más terrenal que espiritual: «A beber sin abusar te invitamos con agrado, para poder llevar el vino ha de ser comprado.» O sea: un trago simbólico, no una despensa ambulante.

Porque sí, ha habido peregrinos —pocos, pero suficientes como para generar polémica— que han aprovechado la fuente para rellenar botellas enteras, vaciándola de manera irresponsable y dejando sin su sorbo a quienes venían detrás. La mayoría, eso sí, entiende la filosofía: es un gesto de hospitalidad, no un bar de carretera.

Historia de monjes, reyes y vino medicinal

La fuente actual fue instalada formalmente en 1991, coincidiendo con el centenario de la bodega. Pero la historia que hay detrás tiene más de mil años. El Monasterio de Irache, que se levanta justo enfrente, fue el primer hospital de peregrinos de Navarra, mucho antes incluso que el de Roncesvalles. Su época de esplendor coincidió con el abadiato de San Veremundo entre 1056 y 1098, conocido por su generosidad con los más necesitados, y una de sus leyendas cuenta que hizo brotar vino de una fuente para abastecer a los peregrinos. Que la leyenda y la realidad coincidan en el mismo muro, siglos después, tiene mucho mérito.

Según el quinto libro del Códice Calixtino —que fue básicamente la primera guía del peregrino a Santiago de Compostela—, la zona de Ayegui tenía fama de ser una tierra «de buen pan y óptimo vino». Los monjes benedictinos no lo regalaban por generosidad caprichosa: el vino se usaba como reconstituyente para los caminantes que llegaban exhaustos o enfermos tras jornadas durísimas. Era, literalmente, medicina.

En sus inicios más recientes, la tradición se recuperó de forma más espontánea: se servía el vino en una vasija de barro. «La pena es que el vaso lo tuvimos que retirar porque nos lo quitaban», cuenta Ana Santesteban, hija del impulsor moderno de la bodega. De ahí al grifo empotrado en la pared hubo un paso lógico: si te llevan el vaso, pones el grifo y que cada uno traiga el suyo.

El edificio que cuida el vino tiene su propia historia

Muy poca gente sabe que, justo al lado de la fuente, hay una nave de crianza que los enólogos llaman cariñosamente «la catedral del vino». Fue abierta en los años cincuenta y destaca por sus columnas y arcos de medio punto; tiene capacidad para unas diez mil barricas. Si la fuente te engancha, entra: merece la pena ver dónde duerme el vino antes de salir por el grifo.

Y si quieres llevar un recuerdo físico de la visita, la bodega ofrece un sello exclusivo para la credencial del peregrino, ese documento que acredita el recorrido del Camino. Se puede conseguir en el Museo del Vino de Bodegas Irache los sábados y festivos, o directamente en las oficinas durante los días laborables.

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La cámara que te convierte en protagonista sin saberlo

Uno de los detalles más curiosos del lugar es que la bodega instaló una webcam en tiempo real apuntando a la fuente, accesible desde su web. Esto significa que, mientras tú te sirves tu trago entre risas y fotos, puede que alguien al otro lado del mundo esté viéndote en directo sin que lo sepas. Miles de personas la consultan cada día desde cualquier punto del planeta, convirtiendo ese muro de piedra navarro en un pequeño escaparate global del Camino.

Una idea tan buena que la copiaron en Italia

La influencia de Irache llegó hasta los Abruzos. En 2016 se inauguró en Villa Caldari di Ortona una «fontana del vino» en el trazado del Cammino di San Tommaso, una ruta de peregrinación entre Roma y Ortona. Sus propietarios, Dina y Luigi, de la bodega Dora Sarchese, reconocen abiertamente en su web que se inspiraron en la fuente de Irache mientras hacían el Camino de Santiago. Su depósito subterráneo tiene capacidad para tres mil litros y funciona las veinticuatro horas del día. Una dosis de hospitalidad vitivinícola que cruzó fronteras.

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Cómo llegar si no eres peregrino

No hace falta llevar botas de trekking ni mochila para visitarla. Quienes se alojen en Estella, Pamplona, Logroño u otras localidades cercanas pueden acercarse perfectamente en coche por la autovía A-12, la llamada Autovía del Camino, con desvío hacia Estella y Ayegui. El espacio junto a la fuente es pequeño, así que conviene evitar las primeras horas de la mañana en temporada alta, cuando el flujo de peregrinos es mayor. El resto del tiempo la parada dura apenas unos minutos: lo que tarda un sorbo, una foto y una sonrisa.

Sobrelías Redacción

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