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Terruño versus variedad: ¿A qué es más fiel el amante del vino?

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Terruño versus variedad

Terruño versus variedad: ¿A qué es más fiel el amante del vino?

En el mundo del vino existe un debate fascinante que va mucho más allá de las preferencias gustativas: ¿qué motiva realmente la lealtad del consumidor? ¿Es la conexión con un lugar específico, con su terruño y denominación de origen, o es la fidelidad a una variedad de uva concreta, independientemente de dónde se cultive? Esta cuestión no es meramente académica, sino que tiene profundas implicaciones para productores, comercializadores y para entender la propia cultura vinícola.

El concepto de terruño: la identidad del lugar

El terruño (terroir en francés) representa mucho más que una simple ubicación geográfica. Es la combinación única de suelo, clima, topografía, tradición y saber hacer humano que confiere a un vino su carácter distintivo. Las denominaciones de origen son, en esencia, la institucionalización de este concepto, garantizando que un vino procede de un lugar específico y cumple con normas estrictas de producción.

En España, con más de 70 denominaciones de origen y dos DOCa (Rioja y Priorat), este sistema de protección ha creado verdaderas marcas territoriales. Rioja es la denominación de origen más elegida por los consumidores españoles tanto dentro como fuera de casa, con un 36% y un 27% de las consumiciones respectivamente. Esta cifra sugiere que, al menos en el caso español, la lealtad a una región específica es significativa.

La revolución varietal: el triunfo del Nuevo Mundo

Por otro lado, el enfoque varietal —identificar el vino principalmente por la uva con la que está elaborado— ha sido una estrategia tremendamente exitosa, especialmente en países del Nuevo Mundo vinícola. Esta tendencia se inició en Estados Unidos en la década de 1960, facilitando que los nuevos consumidores recordaran nombres como Cabernet Sauvignon o Chardonnay, mucho más sencillos que los topónimos de regiones francesas como Borgoña o Burdeos.

La ventaja del etiquetado varietal es clara: simplifica la elección del consumidor. Quien disfruta de un Malbec argentino puede buscar esa variedad en otras regiones del mundo con la expectativa de encontrar perfiles aromáticos similares, aunque el resultado final varíe según el terruño.

Ventajas de la fidelidad al terruño

La lealtad a una denominación de origen ofrece múltiples beneficios tanto para consumidores como para productores:

Para el consumidor:

  • Garantía de autenticidad y calidad: Las DO implican controles rigurosos y trazabilidad completa desde el viñedo hasta la botella
  • Coherencia y previsibilidad: Conocer una región permite anticipar estilos y características generales del vino
  • Conexión cultural y patrimonial: El vino se convierte en expresión de una historia, tradición y paisaje específicos
  • Protección legal: Las denominaciones están protegidas internacionalmente, evitando falsificaciones

Para el productor:

  • Diferenciación en el mercado: El sello de origen añade valor y reputación acumulada durante generaciones
  • Protección del nombre: Impide que otros productores aprovechen la fama de la región
  • Acceso a mercados premium: Ciertas DO tienen prestigio internacional consolidado

Como señalan los estudios, el concepto de terruño ha sido clave para comprender cómo los factores geográficos, climáticos y culturales se integran en la percepción de marca, convirtiéndose en signo de calidad y singularidad.

Ventajas de la fidelidad varietal

El enfoque centrado en la variedad de uva también presenta argumentos poderosos:

Para el consumidor:

  • Simplicidad y accesibilidad: Es más fácil recordar «Tempranillo» que «DOCa Rioja subzona Rioja Alta»
  • Consistencia de perfiles aromáticos: Cada variedad tiene características genéticas que se mantienen en diferentes lugares
  • Exploración global: Permite comparar cómo una misma uva se expresa en diferentes terruños
  • Menor necesidad de conocimientos especializados: No requiere memorizar docenas de denominaciones

Para el productor:

  • Penetración en mercados internacionales: Especialmente efectivo en países sin tradición vinícola arraigada
  • Flexibilidad productiva: Menor rigidez regulatoria que las DO estrictas
  • Comunicación de marca más directa: El varietal puede comunicarse con claridad en la etiqueta

Los estudios confirman que los consumidores con menor conocimiento evalúan la calidad del vino basándose en atributos como marca, maridaje y contenido alcohólico, mientras que los muy conocedores la aprecian según región, variedad de uva y contenido alcohólico.

¿Qué dicen los estudios?

La investigación académica sobre preferencias de consumidores vinícolas revela un panorama complejo y matizado:

El perfil del consumidor importa

Los estudios han identificado dos tipos principales de consumidores: los menos conocedores, que evalúan la calidad según marca, maridaje y presentación; y los muy conocedores, que priorizan región, variedad de uva y características técnicas. Esto sugiere que la lealtad al terruño o a la variedad depende en gran medida del nivel de «expertise del consumidor».

La región sigue siendo importante

Investigaciones recientes confirman que la región de origen es un factor importante en la decisión de compra de vino, especialmente en su naturaleza multidimensional que incluye el nombre de la región, el tipo de vino y la variedad de uva ResearchGate. Los factores más importantes son calidad, precio, variedad de uva, estilo del vino y región de origen.

Además, las puntuaciones más altas para la región de origen las otorgan las consumidoras femeninas, los consumidores con alta implicación en el vino y quienes han participado en enoturismo.

El contexto cultural es determinante

Los consumidores utilizan la información de origen como factor de decisión al comprar vino y para establecer sus expectativas y perspectivas de agrado respecto a la composición sensorial de los vinos regionales. Esto es especialmente relevante en vinos con fuerte identidad regional como el Cabernet Sauvignon australiano o el Rioja español.

Variedades internacionales versus autóctonas

Las investigaciones también revelan tensiones interesantes. En evaluaciones post-degustación, los vinos que contienen entre 10% y 20% de variedades internacionales son generalmente más valorados que los elaborados con 100% de variedades nativas, aunque existe simultáneamente una tendencia contraria que busca recuperar variedades autóctonas como elemento de diferenciación.

La síntesis: un modelo híbrido emergente

La evidencia sugiere que no existe una respuesta única, sino que estamos ante un modelo híbrido donde ambos factores —terruño y variedad— coexisten e interactúan:

  1. Segmentación del mercado: Los consumidores novatos tienden a guiarse por variedades, mientras que los expertos valoran más el origen y el terruño
  2. Evolución del consumidor: Muchos aficionados comienzan con variedades reconocibles y evolucionan hacia la apreciación de denominaciones específicas
  3. Complementariedad: Las mejores estrategias combinan ambos elementos. Por ejemplo, «Tempranillo de Rioja» comunica tanto variedad como origen
  4. Especificidad creciente: El mercado está pasando de hablar de provincias a especificar zonas concretas en las etiquetas
  5. Factor generacional: Las nuevas generaciones de consumidores muestran patrones diferentes, a menudo más influenciados por sostenibilidad y autenticidad que por categorizaciones tradicionales

Conclusión: ¿Competencia o complementariedad?

Más que una competencia entre terruño y variedad, asistimos a una convivencia estratégica. El Viejo Mundo, tradicionalmente centrado en denominaciones de origen, incorpora gradualmente información varietal en sus etiquetas para facilitar el acceso a nuevos mercados. Simultáneamente, el Nuevo Mundo, históricamente varietal, desarrolla sistemas de indicaciones geográficas para añadir profundidad y prestigio a sus vinos.

La fidelidad del amante del vino no es monolítica: depende de su nivel de conocimiento, contexto cultural, generación y objetivos de consumo. Lo que sí confirman los estudios es que tanto el terruño como la variedad son elementos fundamentales en la identidad y percepción del vino. La industria vinícola más exitosa será aquella que sepa comunicar ambas dimensiones de manera clara, permitiendo que cada consumidor construya su propia relación con el vino, ya sea desde la lealtad a un lugar o el seguimiento de una uva alrededor del mundo.

Sobrelías Redacción

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