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Ruinart y Tadashi Kawamata: una torre sobre los viñedos y un nido dentro de una botella

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Ruinart y Tadashi Kawamata: una torre sobre los viñedos y un nido dentro de una botella

La maison de champán más antigua del mundo convierte sus instalaciones de Reims en un escenario artístico para pensar sobre la naturaleza

El primer y más antiguo productor de champán del mundo acaba de presentar el capítulo 2026 de su programa artístico anual, y el resultado es tan poético como inesperado: una torre de madera de seis metros en forma de botella de champán invertida que se eleva sobre las míticas cuevas de creta de Reims, un nido pegado a la fachada del edificio histórico de la casa, y una cabaña encaramada a las ramas de un árbol del jardín. Todo ello obra del japonés Tadashi Kawamata, uno de los creadores de instalaciones site-specific más reconocidos del panorama internacional.

La iniciativa se inscribe dentro del programa Conversations with Nature, que Ruinart viene desarrollando desde hace años con la convicción de que el arte puede ser un vehículo privilegiado para reflexionar sobre la relación entre la actividad humana y el entorno natural. En el caso de una maison de champán, esa relación es existencial: sin la biodiversidad del suelo, sin el microclima particular de la región de Champagne, sin las variaciones de temperatura que modulan la acidez y el perfume del Chardonnay, no habría champán. El equipo técnico de Ruinart lleva décadas monitorizando los efectos del cambio climático sobre sus viñedos —temperatura del suelo, reservas hídricas, índice de sequía, ciclos vegetativos— consciente de que las alteraciones del clima impactan directamente en la expresión aromática de su variedad principal.

La elección de Kawamata como interlocutor artístico para 2026 responde a una coherencia de fondo que se hace evidente en cuanto uno conoce su trayectoria. Nacido en Hokkaido en 1953, en una familia de mineros del carbón, el artista creció entre materiales industriales y espacios excavados en la tierra. Su obra posterior —grandes estructuras de madera construidas in situ, que transforman la percepción de edificios, calles y plazas de todo el mundo— lleva impresa esa infancia: el respeto por lo artesanal, la conciencia del tiempo que pasa, la convicción de que nada dura para siempre. El artista resume su filosofía con una frase que tiene mucho de budismo: «Todo cambia. No debemos creer que nada es permanente. Simplemente permanecemos en armonía con la naturaleza.» 

Las tres instalaciones creadas para Ruinart en Reims tienen nombre propio: Tree Hut, Nest y Observatory. La más espectacular es sin duda el Observatorio: esa torre de seis metros diseñada para evocar en su forma la botella invertida de champán que descansa en las profundidades de las cuevas. Subir a su plataforma superior implica, según el propio Kawamata, una experiencia de transformación perceptiva. «El mundo no es el mismo cuando estás a cinco metros de altura sobre el suelo», explica. «Sientes el viento y escuchas las cosas de otra manera. Es una forma de reconectarse con el entorno.» El diseño dialoga con las cuevas de creta que se abren justo por debajo, esos espacios catedralicios donde el tiempo se ralentiza y las botellas duermen su fermentación. Arriba, el viento y la luz; abajo, la oscuridad y la temperatura constante.

El Nido, adherido a la fachada del edificio histórico, rinde homenaje a la fauna del viñedo: pájaros, mariquitas, murciélagos. Seres pequeños e imprescindibles cuya presencia o ausencia dice mucho del estado de salud de un ecosistema. La Cabaña en el árbol, por su parte, invita a los visitantes a subirse literalmente a la naturaleza, a recuperar esa mirada de infancia que convierte un árbol en un observatorio privilegiado.

La colaboración se estrenó públicamente en el Palais de Tokyo de París con una instalación en forma de tornado que cuelga del techo y que el artista concibió a partir de las espirales de las telas de araña que observó en los viñedos de la maison. La pieza recorre los meses que siguen con presencia en ferias internacionales de arte de primer nivel: Frieze Los Ángeles, Frieze Nueva York y Art Basel Miami Beach.

Para los coleccionistas que quieran llevarse un fragmento de este universo a casa, Kawamata diseñó también una edición limitada de tan solo 22 estuches de madera para el Ruinart Blanc de Blancs en formato jeroboam. El estuche es en sí mismo una pieza artística: uno de sus ángulos ha sido recortado y ese fragmento extraído ha sido transformado en un pequeño nido que reposa en el interior. La metáfora que el artista quiso construir es clara: incluso dentro de un objeto de lujo, hay fragilidad, poesía y artesanía. Nada es estático ni definitivo.

Desde la perspectiva del enoturismo, la apuesta de Ruinart es un modelo a seguir. Convertir la visita a una bodega en una experiencia cultural que no puede reproducirse en ningún otro lugar del mundo es precisamente lo que los turistas más exigentes buscan hoy. Una instalación de Kawamata en Reims no puede transportarse a Tokio ni a Nueva York sin perder su razón de ser: está concebida para ese suelo, para esa luz, para ese viento. Y eso, en un mercado donde la diferenciación es cada vez más difícil, vale mucho más que cualquier medalla en concurso.

Sobrelías Redacción

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