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productos sin y con baja graduación

Una tendencia global respaldada por la ciencia y los datos de mercado está transformando la industria vitivinícola española. Los vinos NOLO (No/Low Alcohol) dejan de ser una anécdota para convertirse en una categoría estratégica con proyección internacional.

Un fenómeno que ha dejado de ser marginal

Durante años, la sola mención del vino sin alcohol generaba en el sector una respuesta instintiva de rechazo. En una industria construida sobre el binomio fermentación-alcohol, la idea de suprimir el componente que da nombre al producto parecía casi una contradicción en los términos. Sin embargo, en 2026, ese escepticismo ha cedido paso a una realidad incontestable: los vinos NOLO —acrónimo de ‘no alcohol / low alcohol’— están protagonizando uno de los crecimientos más consistentes de toda la categoría de bebidas.

Las cifras del International Wine and Spirits Record (IWSR), la fuente de referencia más utilizada por la industria global de bebidas, proyectan que el volumen de productos sin alcohol crecerá un 36% hasta 2029. En el segmento específico del vino tranquilo sin y con poco alcohol, la tasa de crecimiento anual compuesto supera el 20% entre 2021 y 2025, con una previsión de que los volúmenes de la categoría se dupliquen en ese período. En los diez mercados más relevantes del mundo, la categoría NOLO en su conjunto avanza a un ritmo del 8% anual en volumen. El mercado global de productos sin o con bajo contenido alcohólico superó los 11.800 millones de dólares en 2022, y las estimaciones apuntan a un incremento de 4.000 millones adicionales hasta 2028.

En España, país con una cultura vitivinícola entre las más arraigadas del planeta, la tendencia irrumpe con fuerza propia. La Barcelona Wine Week 2026, uno de los principales escaparates internacionales del sector, dedicó por primera vez en su historia una jornada completa a la categoría NOLO, posicionándola como ‘un nuevo eje de negocio y sostenibilidad’. El sector empieza a entender que este segmento no compite con el vino tradicional; lo complementa, y en muchos casos, lo amplía hacia audiencias que antes permanecían fuera de su radio de acción.

La ciencia detrás de la copa vacía de alcohol: investigación española pionera

El impulso del mercado ha venido acompañado, en el caso español, de una creciente producción académica que aporta rigor empírico a lo que hasta hace poco era un terreno casi inexplorado desde la investigación. El estudio más relevante en este sentido es el elaborado por los investigadores José Luis del Campo Villares y Rosana Fuentes Fernández, de la Universidad de León, que constituye el primer análisis con metodología científica sobre el mercado del vino desalcoholizado en España desde la perspectiva tanto de los consumidores como de los productores.

Los resultados son reveladores. Según este trabajo, el 78% de los encuestados a nivel nacional estaría dispuesto a probar un vino sin alcohol, una tasa de apertura que supera ampliamente las expectativas iniciales del sector. La principal motivación declarada es la salud, con un 63% de los respondientes citándola como razón primordial; la moda ocupa un segundo plano con menos del 30%, y la sostenibilidad apenas roza el 3%. Esto implica una conclusión estratégica de primer orden: el consumidor de vino sin alcohol no busca principalmente una experiencia hedonista, sino un encaje con sus valores y su proyecto de vida. La calidad del producto —criterio habitual número uno en la mayoría de las categorías de consumo— queda aquí en tercer lugar, subordinada al contexto de salud y bienestar.

El estudio también identifica con claridad los perfiles más receptivos. Los jóvenes de entre 18 y 35 años son el segmento más permeable, seguidos del grupo de 36 a 55 años. Los mayores de 55, con hábitos de consumo más consolidados y un vínculo emocional más profundo con el vino tradicional, muestran mayor resistencia: menos del 60% de este grupo estaría dispuesto a probarlos. En cuanto al género, el papel de las mujeres resulta especialmente significativo: en todas las franjas de edad, ellas superan a los hombres en disposición a consumir vinos sin alcohol. El 84% de las encuestadas mostró interés en probarlos, y el 74% tendría intención de incorporarlos a sus hábitos. Entre las jóvenes de 18 a 35 años, el 88% cita la salud como motivación principal.

La investigadora Fuentes concluye que el éxito de este segmento depende de la combinación de tres factores: salud, juventud y género. Ninguno de ellos, por sí solo, es suficiente; pero su interacción genera el terreno propicio para consolidar un mercado estable. ‘Estamos viendo una evolución en la percepción del consumidor —señala Fuentes—. Cada vez más personas entienden que el vino desalcoholizado no es un sustituto, sino una opción complementaria, adaptada a distintos momentos de consumo y estilos de vida’.

El reto tecnológico: cómo quitar el alcohol sin matar el vino

Si la demanda avanza, el principal cuello de botella para la expansión del segmento sigue siendo tecnológico y sensorial. Eliminar el alcohol de un vino sin alterar su perfil aromático y su estructura organoléptica es un desafío enológico de primera magnitud, y la evidencia científica recogida por investigadores españoles revela que no todas las técnicas disponibles son igualmente eficaces.

Un estudio publicado en BIO Web of Conferences y desarrollado conjuntamente por Bodega Win —filial de Bodega Matarromera en Valbuena de Duero, Valladolid— y los grupos de investigación LAAE y CREG de la Universidad de Zaragoza aborda precisamente esta problemática en el marco del proyecto Alcoholess. El trabajo compara diversas técnicas de desalcoholización: destilación osmótica, pervaporación y ósmosis inversa. Los resultados muestran que las dos primeras implican una pérdida significativa de componentes aromáticos a medida que se reduce el contenido alcohólico. La ósmosis inversa, en cambio, emerge como la técnica más adecuada para la desalcoholización parcial —reducciones de hasta 1 grado de alcohol—, ya que permite mantener la composición aromática prácticamente inalterada.

Para la desalcoholización total, la técnica de la Columna de Conos Rotatorios (CCR) permite conservar la tipicidad varietal del vino siempre que los parámetros del proceso estén correctamente optimizados. El estudio también revela una jerarquía sensorial relevante: los catadores del panel experto valoraron positivamente todos los vinos desalcoholizados comerciales analizados, pero los blancos obtuvieron sistemáticamente mejor puntuación que los tintos. La explicación es técnica: la estructura de los vinos tintos depende en mayor medida del alcohol para su coherencia gustativa, de modo que su eliminación produce un desequilibrio sensorial más perceptible. Este dato tiene implicaciones directas para las estrategias de producto de las bodegas: los vinos blancos constituyen la vía de entrada más favorable para conquistar a consumidores escépticos.

El estudio confirma además que los vinos de Bodega Win presentan un contenido en azúcar muy inferior a otros productos comerciales desalcoholizados disponibles en el mercado, y que su percepción organoléptica es superior a la media de los elaborados mediante CCR por otras firmas. Una conclusión que refuerza la relevancia de la inversión en I+D+i como palanca competitiva diferencial en un segmento todavía en formación.

Las bodegas españolas que abrieron el camino

España no ha llegado tarde a esta tendencia. Algunas de sus bodegas más innovadoras llevan más de quince años explorando este territorio. Bodega Emina —adscrita al grupo Matarromera en Valbuena de Duero— y Familia Torres en el Penedès iniciaron en 2008 sus primeras investigaciones sobre vinos desalcoholizados. A ellas se sumó posteriormente Martín Códax desde las Rías Baixas. Más recientemente, otras firmas de referencia como Gil Family Estates han desarrollado sus propias gamas específicas. Nombres comerciales como Natureo (Torres), Win Sin o Disfrutando 0,0 ya representan entre el 5% y el 10% de la producción total de sus respectivas bodegas, con un marcado foco en la exportación como principal canal de salida.

Y es que la Federación Española del Vino (FEV) ha señalado que los vinos sin alcohol encuentran en los mercados exteriores su principal oportunidad. Los mercados del norte de Europa —Reino Unido, Alemania, Países Bajos, los países nórdicos— y Estados Unidos lideran la demanda global de productos NOLO y ofrecen a las bodegas españolas un campo fértil para posicionarse como referentes de innovación. En el Reino Unido, Alemania y Francia, el segmento lleva años creciendo de forma sostenida y ya representa una parte significativa de la facturación exportadora del sector vitivinícola de esos países. España parte con cierta ventaja: su diversidad de variedades autóctonas, su larga experiencia exportadora y sus estructuras productivas consolidadas constituyen activos difíciles de replicar.

La nueva normativa europea, que permite etiquetar como ‘vino’ a los productos total o parcialmente desalcoholizados —algo que no estaba permitido hasta hace poco— abre además un horizonte regulatorio más favorable para la comercialización de estos productos en el mercado interior y exterior. El Parlamento Europeo debatió y votó en febrero de 2026 medidas concretas del denominado ‘Paquete Vino’ que incluyen la armonización del etiquetado para estos caldos, un paso que el sector venía reclamando desde hace tiempo.

La percepción del consumidor: el obstáculo más difícil de derribar

Con todo, el mayor desafío para la consolidación del segmento no es tecnológico ni regulatorio, sino perceptivo. Wine Intelligence ha documentado de forma consistente que la percepción de calidad de los vinos sin y con bajo alcohol permanece por debajo de la del vino convencional, incluso cuando la realidad del producto ha mejorado sustancialmente en los últimos años. Los recuerdos de experiencias decepcionantes —vinos aguados, sin estructura, con sabores extraños— tienden a persistir en la memoria del consumidor mucho más tiempo que las experiencias positivas. Y a esto se suma una paradoja de precio: los consumidores esperan pagar menos por un vino sin alcohol que por su equivalente tradicional, pero los costes de producción son en realidad más elevados, dado que el proceso de desalcoholización requiere equipamiento caro y tiempo adicional.

El vínculo emocional del vino con la cultura española —la tradición familiar, las celebraciones, la identidad territorial— ha dificultado históricamente la aceptación de las versiones sin alcohol, que algunos consumidores siguen percibiendo como ‘productos de segunda’. Sin embargo, la investigadora de la Universidad de León apunta a la industria cervecera como modelo de lo que puede ocurrir: ‘Hace veinte años, nadie imaginaba que las cervezas sin alcohol podrían liderar las ventas; hoy ocurre lo mismo con el vino’. El paralelismo no es caprichoso: la cerveza 0,0 tardó una generación en normalizarse; el vino sin alcohol podría recorrer ese mismo camino en mucho menos tiempo, impulsado por el contexto social y la mejora tecnológica.

Según la FEV, los vinos parcial o totalmente desalcoholizados son percibidos por sus consumidores habituales como más saludables y menos calóricos, y generan una sensación de control —poder conducir sin restricciones, no padecer resaca— que el vino tradicional no puede ofrecer. Son argumentos potentes, especialmente para una generación que valora la autonomía y el bienestar como ejes centrales de sus decisiones de consumo.

Una categoría estratégica para el futuro del sector

En 2026, el segmento NOLO ha dejado de ser una curiosidad de nicho para convertirse en un eje estratégico del que el sector vitivinícola español no puede permitirse prescindir. Las proyecciones de crecimiento, el respaldo científico sobre las técnicas de producción, los estudios de consumidor que documentan una apertura creciente —especialmente entre jóvenes y mujeres—, y el impulso regulatorio europeo configuran un escenario de oportunidad que las bodegas más ágiles ya están aprovechando.

El reto, como apunta la investigadora Fuentes, es triple: mejorar la educación del consumidor sobre cómo se elaboran estos vinos y qué los hace distintos de los refrescos o los zumos; reforzar la comunicación de sus beneficios saludables con rigor y transparencia; y seguir invirtiendo en investigación y desarrollo para cerrar la brecha sensorial que todavía separa al mejor vino sin alcohol del vino convencional de referencia. España tiene ingredientes suficientes para liderar esa transformación. Solo necesita la voluntad colectiva de apostar por ella.

Sobrelías Redacción

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Por Sobrelías Redacción

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