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La crisis existencial de Burdeos: el mayor desastre del vino moderno

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crisis existencial de Burdeos

La crisis existencial de Burdeos: el mayor desastre del vino moderno

La magnitud del problema

El mundo del vino francés atraviesa la peor crisis desde la filoxera del siglo XIX: una caída en el consumo y en los beneficios del sector que lleva inevitablemente a la desesperación y al arranque de una cuarta parte de los viñedos del país.

El promedio de consumo per cápita de vino en Francia ha caído de 150 litros anuales tras la Segunda Guerra Mundial —casi media botella diaria— a los 40 litros actuales. Hoy, los franceses no solo beben menos: beben diferente. La cerveza y los cócteles ganan terreno, y cuando se bebe vino se prefieren blancos, rosados y espumosos sobre el tinto.

La crisis no es solo de los vinos baratos. Los grandes crus classés también atraviesan dificultades por primera vez en la historia contemporánea. Los precios de algunos de los mejores vinos de Burdeos han caído un 20-30% en las ventas en primeur de la cosecha 2023. Hace 20 años esos vinos se agotaban en dos semanas; en enero de 2025, las ofertas en primeur llegaban cada día a los buzones de correo sin encontrar compradores.

La escena que cristalizó la crisis en los medios internacionales ocurrió en una subasta en la región de Blaye: 90.000 cajas de vino ecológico de una bodega en quiebra se vendieron a apenas 0,23 euros por caja. Esa misma noche, algunos productores abrieron los grifos de sus depósitos y dejaron correr 110.000 cajas al desagüe para evitar hundir aún más el mercado.

Productores furiosos marcharon por las calles de Burdeos llevando viñas muertas, y cuando llegaron al Consejo del Vino de Burdeos (CIVB) colgaron un maniquí de un árbol para simbolizar los viticultores al borde del suicidio. Las ventas de Burdeos a granel están tan paradas que el CIVB dejó de publicar cotizaciones de precios desde octubre.

A principios de enero de 2026 se registró el tercer suicidio de un viticultor en dificultades financieras desde el año anterior, símbolo de hasta dónde ha llegado la desesperación en la región. Junto a esto, más de un centenar de organizaciones profesionales, sindicales y consulares del sector firmaron conjuntamente el llamado «Appel de Bordeaux», urgiendo al gobierno a aprobar los presupuestos de 2026 e implementar medidas inmediatas de ayuda.

El gobierno francés, con respaldo de la UE, ha puesto en marcha un programa de arranque definitivo de viñedos: 130 millones de euros para financiar la eliminación de hasta 32.500 hectáreas en toda Francia, con una prima de 4.000 euros por hectárea para quienes acepten arrancar sus vides de forma permanente.

Las vides deben arrancarse antes de junio de 2026 y no se podrá replantar durante al menos seis años. Para los viticultores ahogados en deudas, esto representa una salida digna. Para los que sobrevivan, la región que reconstruyan será profundamente diferente a la que conocieron sus abuelos.

En paralelo, la prefectura y la región de Gironda trabajan en la creación de un fondo inmobiliario para adquirir las parcelas arrancadas y reestructurar el territorio agrícola, con el objetivo de iniciar las primeras compras en el primer semestre de 2026, aunque el paso crucial —la financiación bancaria— está aún pendiente de confirmación.

Laurent Dubois, novena generación al frente del Château Les Bertrands —fundado en 1692—, lo resume con crudeza: ha decidido arrancar una quinta parte de sus 320 hectáreas de viñas para pasar de 800.000 a 600.000 botellas anuales, y estudia plantar olivos, árboles frutales y nogales. «Produciremos solo la cantidad que vendamos», dice.

Sobrelías Redacción

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