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El vino español deja de contar litros y empieza a contar euros: el ambicioso giro estratégico del sector hasta 2028

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La Interprofesional del Vino de España actualiza su hoja de ruta con un mensaje rotundo: España ya no puede seguir siendo el más grande y el más barato al mismo tiempo

España tiene el viñedo más extenso del planeta. Es el segundo exportador mundial por volumen. Lidera la producción ecológica en la Unión Europea. Y, sin embargo, cuando se mira la facturación por litro exportado, el cuadro se vuelve menos brillante: el peso elevado del vino a granel en las exportaciones españolas limita de forma notable el valor añadido que el sector obtiene en comparación con competidores como Italia o Francia. Esa es precisamente la brecha que el sector quiere cerrar en los próximos años.

Esta semana, la Interprofesional del Vino de España (OIVE) presentó en Madrid la revisión de su plan estratégico, ampliado ahora hasta 2028, con un enfoque que marca un antes y un después en la manera de pensar el negocio. El objetivo es incrementar en un 16% el valor de las exportaciones, lo que supone generar 484 millones de euros adicionales para el conjunto del sector en 2027, acompañado de una revalorización anual del 3,6% en el mercado interno. El presidente de OIVE, Fernando Ezquerro, lo resumió con una frase que define toda la estrategia: el reto no es vender más, sino vender mejor.

El plan llega en un momento especialmente delicado para el mercado global. La presentación se realizó en un contexto marcado por la caída del consumo mundial de vino y por una incertidumbre económica y geopolítica que obliga a los productores a ser más inteligentes en su aproximación a los mercados internacionales. Estados Unidos sigue siendo la referencia, aunque los aranceles impuestos encarecen el producto en destino. Europa, mientras tanto, registra retrocesos en casi todos los segmentos. Y los mercados emergentes, como India, Indonesia o los países del Mercosur, representan una oportunidad pero exigen construir desde cero una cultura del vino que no existe todavía en esas sociedades.

El nuevo plan apunta tres grandes filones de oportunidad: el auge del vino sin alcohol, el interés creciente por la producción ecológica con el objetivo de alcanzar el 26% del viñedo en certificación verde en 2027, y el enoturismo, que ya alcanzó los 2,9 millones de visitantes en 2024 y representa una fuente de valor añadido con enorme margen de crecimiento. La digitalización, la inteligencia económica y la innovación se presentan como herramientas transversales que deben impregnar toda la cadena, desde el viñedo hasta la copa del consumidor.

El documento también aborda sin eufemismos algunos de los retos más incómodos del sector: la necesidad de frenar la pérdida de superficie plantada para estabilizarla en las 911.000 hectáreas actuales, y el objetivo de mantener el consumo interno en torno a los 11 millones de hectolitros anuales, una cifra que la tendencia reciente amenaza con erosionar. El abandono de viñedos por falta de mano de obra y la competencia de países con costes de producción muy inferiores son otros dos fantasmas que sobrevuelan el sector.

La gran apuesta política del plan pasa por los acuerdos comerciales de la Unión Europea. Los pactos con Mercosur, India e Indonesia contemplan reducciones arancelarias progresivas que abren puertas a mercados de enorme potencial poblacional, donde el vino todavía tiene todo por construir. Una oportunidad y un riesgo a partes iguales: penetrar esos mercados exige inversión, paciencia y una estrategia de posicionamiento que el sector español históricamente ha tenido dificultades para sostener en el largo plazo.

Sobrelías Redacción

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