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Del olfato del enólogo al algoritmo: la inteligencia artificial entra en el viñedo español para no irse

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inteligencia artificial entra en el viñedo

Desde tractores autónomos hasta predicciones de cosecha basadas en imágenes satelitales, la tecnología está cambiando la forma de producir vino en España sin reemplazar al viticultor

Hay algo aparentemente contradictorio en la imagen de un robot circulando entre las cepas de un viñedo centenario. La viticultura es, por naturaleza, un oficio de paciencia, de conocimiento transmitido de generación en generación, de decisiones que se toman mirando el cielo y palpando la tierra. Y sin embargo, la inteligencia artificial lleva años ganando terreno en ese territorio aparentemente impermeable a la tecnología, y las bodegas españolas que ya la utilizan no están dispuestas a dar marcha atrás.

Investigadores del CSIC y la Universidad Politécnica de Madrid han transformado un vehículo eléctrico urbano en una plataforma autónoma capaz de recorrer hileras de viñedo sin conductor, recopilando datos en tiempo real, detectando posibles plagas y estimando la producción futura con una precisión que hasta hace poco habría parecido ciencia ficción. El experimento, realizado en viñedos de Arganda del Rey y en las instalaciones de la bodega gallega Terras Gauda, demuestra que la robótica aplicada a la viticultura no es ya un proyecto de laboratorio sino una herramienta que puede desplegarse en el campo con resultados concretos.

En la Ribera del Duero, tres bodegas de referencia, Martín Berdugo, Prado Rey y Vizcarra, participaron en un proyecto piloto que utiliza imágenes captadas por drones y satélites, procesadas mediante algoritmos de inteligencia artificial, para ayudar a los enólogos a determinar el momento óptimo de cosecha, identificar las necesidades nutricionales de las plantas e identificar las parcelas con mayor potencial para elaborar distintos tipos de vino. La tecnología no sustituye el criterio del profesional, pero le proporciona una cantidad y calidad de información que ningún ser humano podría reunir y procesar solo.

Empresas como González Byass ya aplican inteligencia artificial para hacer un seguimiento continuo de la evolución de los racimos y de la aparición de plagas o enfermedades a lo largo de toda la campaña, optimizando el uso de fertilizantes, pesticidas, energía y agua. Bodegas Cepa 21, por su parte, colabora con IBM para desarrollar un sistema que combina datos históricos del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero con información meteorológica avanzada.

El clúster vitivinícola INNOVI señala que la inteligencia artificial ha alcanzado ya un grado de madurez suficiente para garantizar resultados fiables en el sector. La digitalización de toda la cadena de producción, el trabajo más sostenible en el viñedo y el desarrollo de nuevos productos adaptados a los gustos cambiantes del consumidor son los tres grandes ámbitos en los que la tecnología juega un papel cada vez más determinante.

El debate sobre si la tecnología deshumaniza uno de los oficios más artesanales del mundo está lejos de resolverse. Pero quienes trabajan en el cruce entre viticultura e inteligencia artificial insisten en que el objetivo no es reemplazar al viticultor, sino darle mejores herramientas para tomar decisiones en un contexto cada vez más exigente: cosechas irregulares por el cambio climático, mercados más competitivos, consumidores más informados y una presión regulatoria que empuja hacia la sostenibilidad. En ese escenario, el algoritmo no tiene olfato, pero sabe contar racimos mejor que nadie.

Sobrelías Redacción

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