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pastoreo y tradición en el viñedo
Pastoreo y tradición en el viñedo

Bodegas Hnos. Pérez Pascuas – Viña Pedrosa: cuando el rebaño cuida la viña, pastoreo y tradición al servicio del terroir

El viñedo en su estado más auténtico

Hay un instante en el año en que los viñedos de la Ribera del Duero guardan silencio. Las cepas permanecen desnudas bajo el cielo de Castilla, la tierra descansa y el frío aprieta sobre los suelos arcillo-calcáreos de Pedrosa de Duero. Es entonces cuando un rebaño toma el relevo. Mientras las vides hibernan, el ganado pastorea entre las hileras, mordisqueando la cubierta vegetal, removiendo suavemente la tierra con sus pezuñas y depositando materia orgánica sobre el suelo. Un espectáculo aparentemente sencillo que esconde, en realidad, uno de los gestos más sofisticados del cuidado vitivinícola: dejar que la naturaleza trabaje por sí sola.

Esta es la apuesta de Bodegas Hnos. Pérez Pascuas – Viña Pedrosa, una de las referencias más sólidas y antiguas de la Denominación de Origen Ribera del Duero, que ha integrado el pastoreo en sus viñedos como parte de un modelo de viticultura regenerativa cuyo horizonte apunta directo al terroir: a vinos más expresivos, más honestos, más vivos.

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Una familia, una tierra, casi medio siglo de historia

En el corazón de la Ribera del Duero, cuando aún nadie imaginaba el potencial vinícola de estas tierras, una familia decidió apostar por el viñedo como forma de vida. Era 1980, la Denominación de Origen ni siquiera existía, y mientras muchos arrancaban cepas para plantar cereal, los hermanos Pérez Pascuas miraban al horizonte con una convicción firme: aquí podían nacer grandes vinos.

La historia de Viña Pedrosa empieza con Mauro Pérez y las tierras que él trabajó y amó durante toda su vida. Hombre laborioso y de inteligencia innata, supo transmitir a sus hijos el respeto a la tierra y el gusto por el trabajo bien hecho. Los viñedos que él dejó a su familia son la base de la bodega actual. Mauro supo transmitir a sus tres hijos, Benjamín, Manuel y Adolfo, el respeto por la tierra y la tradición, así como el afán por la excelencia.

Convencidos del gran potencial del viñedo familiar, los hermanos Pérez Pascuas decidieron fundar su propia bodega con el fin de convertir en realidad su gran sueño: la elaboración de vinos de gran calidad manteniendo viva una larga tradición vitivinícola. Ese sueño se materializó en 1980, cuando nació oficialmente Bodegas Hermanos Pérez Pascuas.

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Hoy, cuatro décadas y media después, la bodega cuenta con más de 130 hectáreas de viñedo propio, certificado como ecológico, y una producción de 600.000 botellas anuales centradas en tintos de guarda 100% Tinta del País. Sus vinos viajan a más de 50 países, pero el alma de Viña Pedrosa sigue siendo exactamente la misma que plantó Mauro Pérez: el respeto profundo por la tierra de Pedrosa de Duero.

Fueron pioneros en la Ribera del Duero y apostaron por las levaduras autóctonas, las largas maceraciones, la fermentación maloláctica en barrica y el embotellado sin filtrar ni clarificar, detalles que definen un estilo reconocible de vinos clásicos de elegante rusticidad, pensados para crecer en la botella.

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Pastoreo y tradición en el viñedo

El suelo: el verdadero origen del vino

Antes de que una uva llegue a la bodega, antes incluso de que la cepa brote en primavera, el vino ya está en el suelo. Esta convicción, que los grandes viticultores del mundo comparten con los agrónomos más avanzados, es el punto de partida de la apuesta regenerativa de Viña Pedrosa.

Altitud extrema, suelos pobres y con poca profundidad, escasas precipitaciones y amplias oscilaciones térmicas entre el día y la noche en los meses de maduración de la uva son factores clave para conseguir uva de la máxima calidad. La elevada edad de las plantas, unida a un esmerado trabajo en viñedo, da lugar a pequeñas producciones de uva que se convierten en la mejor expresión de una tierra dura y generosa.

Esa tierra exige cuidados a su medida. No maquinaria pesada, no herbicidas, no químicos que comprometan la microbiología del suelo. Un modelo de viticultura no solo ecológica, sino regenerativa: un modelo sostenible y tradicional, centrado en recuperar la vida en los suelos. Con el empleo de cubiertas vegetales se consiguen suelos vivos, sanos, mejor preparados frente a la sequía, con más capacidad de capturar el CO₂ atmosférico, con mejor erosión, favoreciendo la biodiversidad, y que, indudablemente, repercute en la calidad de las uvas y, por consiguiente, de los vinos de Viña Pedrosa.

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Pastoreo y tradición en el viñedo

El rebaño como herramienta viva

El pastoreo entre viñedos no es una moda. Es una práctica ancestral que la viticultura industrial arrinconó durante décadas y que hoy la viticultura regenerativa está recuperando con resultados científicamente respaldados.

El ganado promueve el crecimiento de las raíces a través del pastoreo libre y reintegra minerales al suelo, que sirven a insectos y pájaros para sustento, equilibrando con plantas que transforman esos minerales y forman un equilibrio en el campo. Cada animal que camina entre las cepas es, en realidad, un agente de fertilidad: sus excrementos enriquecen el suelo de manera natural, sin necesidad de aportes externos; sus pezuñas airean la capa superficial sin compactarla en exceso; y su boca controla la cubierta vegetal, evitando que compita en exceso con las vides por el agua y los nutrientes.

El manejo holístico del pastoreo implica el uso de animales para pastar y fertilizar naturalmente el suelo, lo cual puede ayudar a mejorar su estructura y su capacidad para retener agua. En las tierras burgalesas, donde la sequía estival es una constante y la erosión una amenaza real, esta capacidad de retención hídrica tiene un valor incalculable.

El paso de los animales aporta materia orgánica de forma natural, enriqueciendo el suelo sin necesidad de fertilizantes químicos. Y el resultado es un suelo más biológicamente activo, más resiliente, más capaz de transmitir a la cepa todo aquello que hace que un vino sepa a un lugar concreto y no a otro. En definitiva: más terroir en cada copa.

Sostenibilidad que se traduce en vinos auténticos

El compromiso de Viña Pedrosa con la tierra no es retórico. Va acompañado de decisiones concretas y certificaciones que lo avalan.

Entre las prácticas que siguen destaca no emplear herbicidas, pesticidas ni fungicidas: los tratamientos insecticidas que se emplean son ecológicos y sostenibles, como feromonas y técnicas de confusión sexual. No usan herbicidas con el fin de mantener las cubiertas vegetales y garantizar la biodiversidad del entorno y el carácter ecológico de sus viñedos. Además, en las últimas décadas han plantado más de 20 hectáreas de arbolado autóctono, como encinas, robles, alcornoques, pinos, nogales y almendros, que se alternan con otras especies herbáceas fomentando el equilibrio natural en torno a sus viñedos.

Viña Pedrosa fue la primera bodega de la Denominación de Origen Ribera del Duero en inscribirse en el Registro de Huella de Carbono, Compensación y Proyectos de Absorción de CO₂ del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Una distinción que habla de una bodega que no espera a que las circunstancias la obliguen a cambiar, sino que lidera el camino.

El resultado más reciente de este compromiso lleva nombre propio: Viña Pedrosa El Otero 2023, su primer vino ecológico y vegano, fruto de años de trabajo y respeto absoluto por el viñedo. El Otero procede de una de las parcelas más altas de la propiedad, situada a 870 metros de altitud, donde la cepa encuentra un equilibrio natural con el suelo arcilloso y el clima extremo de la Ribera del Duero.

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El ciclo que nunca se detiene

Tradición y respeto por la tierra. Cuando el rebaño pastorea entre las cepas dormidas, está preparando el suelo para el próximo ciclo. Está fertilizando el terroir del que nacerá el próximo Viña Pedrosa Reserva, el próximo Gran Reserva que dormirá en barricas de roble antes de encontrar su momento en la copa de alguien, en algún lugar del mundo, que se preguntará de dónde viene tanta personalidad.

La respuesta empieza en el suelo. En esas ovejas que caminan pausadamente entre las hileras en invierno. En ese legado que Mauro Pérez transmitió a sus hijos hace más de cuatro décadas y que hoy sigue vivo, generación tras generación, en cada botella de Viña Pedrosa.

Cada botella encierra mucho más que un gran vino. Es el reflejo de una forma de entender la vida, de una viticultura que respeta los ritmos naturales y que cree en el trabajo bien hecho.

Pronto, las cepas volverán a llenarse de vida. Y todo comenzará de nuevo.


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Sobrelías Redacción

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Por Sobrelías Redacción

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