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La parkerización es uno de los fenómenos más debatidos en la enología moderna y representa un cambio profundo en cómo se producen y valoran los vinos.
Lo primero que debemos hacer es buscar cual es el origen de este término.
Robert Parker Jr., crítico estadounidense que creó la revista Wine Advocate en 1978, revolucionó la crítica vinícola con su sistema de puntuación de 100 puntos. Su influencia fue tan masiva que una puntuación alta de Parker podía agotar las existencias de un vino en días y multiplicar su precio.
Parker tenía preferencias muy definidas que los productores aprendieron a identificar:
- Alta concentración de fruta: sabores intensos y opulentos
- Mayor graduación alcohólica: vinos potentes, a menudo por encima de 14-15%
- Roble nuevo abundante: notas marcadas de vainilla, especias y tostado
- Textura densa y voluminosa: vinos con cuerpo y estructura
- Fruta muy madura: casi sobremadurada, con sabores mermelada
Si conoces las preferencias gustativas de un determinado crítico ¿qué mejor que elaborar un vino para que satisfaga sus gustos, obtener una gran calificación por su parte y aumentar tus ventas?
Esto provocó en su día que determinadas zonas vitivinícolas, incluso las más afamadas, cambiasen su estilo o forma de elaborar sus vinos.
Así, por ejemplo, algunos châteaux afamados de Bordeaux comenzaron a cosechar más tarde (fruta más madura), usar más barricas nuevas y emplear enólogos consultores como Michel Rolland, conocido por producir vinos del estilo que Parker apreciaba.
En España, zonas como Ribera del Duero, que elaboraban vinos tradicionalmente austeros se volvieron más exuberantes y concentrados.
En California por ejemplo, aunque ya tendía a presentar entre sus elaboraciones vinos potentes, la parkerización acentuó el estilo de «vinos bomba de fruta».
Acciones similares se tprodujeron en prácticamente todo el mundo (Rhône, zonas de Italia, incluso Borgoña). Ninguna región escapó completamente a esta influencia.
Y surgieron las críticas….
Lo primero que esto provocó fue la pérdida de tipicidad: Los vinos comenzaron a parecerse entre sí, perdiendo las características regionales y del terroir. Un Burdeos podía saber similar a un vino californiano o australiano.
Se produjo lo que podemos definir como una homogeneización global: La diversidad vinícola, patrimonio cultural de siglos, se sacrificó por puntuaciones comerciales. Pero no solo eso, esta nueva forma de producir iba contra el clima y el suelo ya que forzar estilos concentrados en zonas tradicionalmente elegantes (como Borgoña) iba contra la naturaleza de esas regiones.
La vuelta al principio….
Desde mediados de los 2000, surgió un movimiento de vuelta a vinos más frescos, elegantes y representativos de su origen:
- Mayor aprecio por la acidez y los vinos con menor alcohol
- Movimiento de vinos naturales y mínima intervención
- Revalorización de variedades y estilos tradicionales
- Críticos alternativos que valoran la elegancia sobre la potencia
Parker, ¿héroe o villano?
Esta pregunta ya la respondimos en un artículo anterior que os acercamos hace un tiempo(y que ha resultado ser de los más vistos en la historia de esta revista).
Aunque Parker se retiró en 2019, su influencia fue contradictoria: democratizó la crítica del vino (no era necesario pertenecer a la élite británica), pero también creó una tiranía de la puntuación que estandarizó gustos. Paradójicamente, él mismo comenzó a valorar más la elegancia en sus últimos años.
Hoy, el péndulo parece haberse movido: los consumidores más informados buscan vinos con identidad propia, aunque el sistema de puntuaciones sigue siendo poderoso comercialmente.

Sobrelías Redacción
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