A bottle of Corton-Charlemagne Grand Cru 2016 white wine stands on a gray stone background, surrounded by tropical plants and a backdrop of gray stone background. Nearby stands a wine, transparent glass on a high leg with white wine.

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El Corton-Charlemagne Grand Cru 2016 es uno de los grandes blancos de Borgoña elaborados por Domaine Vincent Girardin, una maison de Meursault especialmente reconocida por su interpretación precisa y mineral de los grandes terroirs de la Côte de Beaune.

La denominación Corton-Charlemagne está situada en la colina de Corton, entre los pueblos de Aloxe-Corton, Pernand-Vergelesses y Ladoix-Serrigny. Es uno de los blancos más prestigiosos del mundo, elaborado exclusivamente con Chardonnay.

En el caso de Vincent Girardin, el vino procede de varias parcelas con diferentes orientaciones sur, este y oeste, sobre suelos jurásicos ricos en margas y piedra caliza, algo que explica su enorme complejidad mineral. Las viñas rondan los 45-50 años de edad.

Girardin pertenece a la generación de productores borgoñones que buscaron reducir la influencia excesiva de la madera para dejar hablar al terroir. En este Corton-Charlemagne 2016 eso se aprecia claramente con una crianza larga de 18 meses sobre lías finas, solo un 15-20% de barrica nueva, con fermentaciones con levaduras indígenas, sin bâtonnage agresivo y embotellado siguiendo calendario lunar.

El resultado suele ser un vino más tenso y vertical que opulento.

Cómo fue la añada 2016

2016 fue una añada dramática en Borgoña debido a las heladas de abril, que redujeron enormemente la producción. Sin embargo, el verano cálido y seco permitió alcanzar una excelente madurez fenólica en la fruta restante. Muchos críticos y aficionados consideran que los mejores 2016 poseen una combinación excepcional de concentración, acidez y capacidad de guarda.

En copa, este vino muestra una evolución lenta y muy aristocrática. Aparecen aromas de piedra húmeda y sílex, corteza de limón, flores blancas, mantequilla fina, frutos secos, piña madura y cítricos confitados con el tiempo.

En boca destaca por una potencia contenida, con textura cremosa pero muy precisa, una acidez vibrante, una enorme sensación salina y un final larguísimo, mineral y ahumado.

Aunque ya puede disfrutarse tras decantación, sigue siendo un vino relativamente joven para un Grand Cru borgoñón blanco. Lo ideal probablemente es beberlo entre 2025 y 2035.

Pedro Guerra

Amante del vino. Siempre a la búsqueda de nuevos vinos que poder recordar.

Por Pedro Guerra

Amante del vino. Siempre a la búsqueda de nuevos vinos que poder recordar.