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bajo precio del alcohol en Europa

La OMS alerta de que el bajo precio del alcohol en Europa agrava los riesgos para la salud pública

El alcohol sigue siendo demasiado barato en buena parte de Europa, y esa facilidad de acceso está teniendo consecuencias directas sobre la salud de la población. Así lo advierte la Organización Mundial de la Salud (OMS), que señala que cuando el alcohol cuesta menos, aumentan el consumo y, con él, los problemas asociados: más violencia, más lesiones y más enfermedades.

Europa no solo destaca por su tradición en la producción y consumo de bebidas alcohólicas, sino también por registrar algunos de los niveles de consumo más altos del mundo. Sin embargo, en lugar de aplicar políticas que frenen esta tendencia, muchos países están permitiendo que el alcohol sea cada vez más asequible.

Según un informe reciente de la OMS, desde 2022 la cerveza se ha abaratado en 11 países de la Unión Europea, mientras que solo en seis se ha encarecido. Algo similar ocurre con las bebidas espirituosas, que se han vuelto más accesibles en 17 Estados miembros. El caso del vino resulta especialmente llamativo: 14 países de la UE no aplican ningún impuesto específico sobre su venta, entre ellos grandes productores como España e Italia.

Esta situación preocupa a los expertos porque la Unión Europea concentra siete de los diez países con mayor consumo de alcohol por persona a nivel mundial. Países como Rumanía, Letonia o la República Checa encabezan la lista. Y el impacto sobre la salud es claro: el alcohol aumenta el riesgo de padecer cáncer, además de estar relacionado con problemas cardiovasculares, trastornos mentales como la depresión y otras enfermedades crónicas.

Desde la OMS recuerdan que una de las formas más eficaces de reducir el consumo perjudicial es aumentar el precio del alcohol a través de impuestos. “Cuanto más barato es el alcohol, más se consume”, resume Anne-Marie Perucic, economista de la organización. A su juicio, que más de la mitad de los países de la UE no graven el vino es algo poco habitual a nivel internacional y responde más a decisiones políticas y económicas que a criterios de salud.

Proteger a la industria local suele estar detrás de estas excepciones fiscales, aunque desde el punto de vista sanitario no tenga sentido. De hecho, los países que no aplican impuestos al vino se reparten principalmente por el norte y el centro de Europa, como Alemania, Austria o Bulgaria.

Etienne Krug, director del Departamento de Promoción y Prevención de la Salud de la OMS, insiste en que hacer el alcohol más accesible tiene un coste social elevado. “Mientras la industria obtiene beneficios, la sociedad asume las consecuencias: más violencia, más problemas de salud y mayores gastos públicos”, advierte.

Estas alertas chocan con la estrategia actual de la Unión Europea, que en los últimos meses ha reforzado su apoyo al sector vitivinícola para hacer frente a retos como la caída del consumo o el cambio climático. Incluso se ha retirado recientemente una propuesta para crear un impuesto europeo sobre los llamados alcopops, bebidas alcohólicas dulces y premezcladas, muy populares entre los jóvenes.

Sobrelías Redacción

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Por Sobrelías Redacción

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