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La Ruta del Dino: cuando el vino se encuentra con la Prehistoria
Lo que hace verdaderamente única a la experiencia enoturística en esta región, la Patagonia argentina, es su combinación con uno de los patrimonios paleontológicos más importantes del planeta. La denominada «Ruta del Dino» o Ruta de los Dinosaurios conecta diversos puntos de interés paleontológico en las provincias de Neuquén y Río Negro, convirtiendo la zona en un museo natural a cielo abierto.
Neuquén alberga uno de los yacimientos de fósiles de dinosaurios más ricos del mundo. En estas tierras se han descubierto especies emblemáticas como el Argentinosaurus, uno de los dinosaurios más grandes que jamás haya existado en la Tierra, y el temible Giganotosaurus, un carnívoro que superaba en tamaño al Tyrannosaurus Rex.
El epicentro de esta ruta es Villa El Chocón, a poco más de una hora de Neuquén capital, donde se encuentra el Museo Paleontológico Ernesto Bachmann. Este museo exhibe réplicas a escala real y fósiles originales, incluidos restos del Giganotosaurus carolinii descubierto en la zona en 1993. Pero la experiencia va más allá de las vitrinas: los visitantes pueden caminar por senderos donde las huellas de dinosaurios de hace 100 millones de años permanecen fosilizadas en la roca, testimonio pétreo de un tiempo en que estos gigantes dominaban la región.
Otros puntos destacados de la ruta incluyen el Parque Geo-Paleontológico Proyecto Dino en Barrealeja, el Museo Carmen Funes en Plaza Huincul (que alberga los restos del Argentinosaurus) y diversos afloramientos donde aún se realizan excavaciones paleontológicas.
La Patagonia argentina emerge como un destino enoturístico único en el mundo, donde la pasión por el vino se entrelaza con paisajes prehistóricos y una naturaleza salvaje que desafía la imaginación. En esta región donde los vientos patagónicos esculpen el terreno y las montañas andinas vigilan desde el horizonte, la viticultura encuentra condiciones excepcionales para producir vinos de carácter distintivo.
Bodega Familia Schroeder: pioneros del vino patagónico
En el corazón del Valle de San Patricio del Chañar, en la provincia de Neuquén, se encuentra Bodega Familia Schroeder, uno de los establecimientos vitivinícolas más emblemáticos de la Patagonia. Fundada en 2002, esta bodega representa la visión de una familia que creyó en el potencial de estas tierras australes para producir vinos de alta calidad.
La bodega se asienta a 350 metros sobre el nivel del mar, beneficiándose de un clima continental frío con amplitudes térmicas notables que pueden alcanzar los 20°C entre el día y la noche. Esta característica, junto con suelos pobres, pedregosos y bien drenados, obliga a las vides a desarrollar raíces profundas en busca de nutrientes, concentrando sabores y aromas en las uvas de manera excepcional.
Entre sus variedades destacadas se encuentran el Pinot Noir, considerado uno de los mejores de Argentina, así como Malbec, Merlot, Cabernet Sauvignon y Sauvignon Blanc. La filosofía de Familia Schroeder combina técnicas tradicionales con innovación enológica, respetando siempre el terruño patagónico que imprime su carácter mineral y fresco en cada botella.
Los visitantes pueden recorrer los viñedos rodeados de montañas, conocer las instalaciones de vinificación y degustar sus vinos en una experiencia que conecta directamente con el paisaje patagónico. La bodega ofrece visitas guiadas que incluyen caminatas entre las hileras de vides, explicaciones sobre el proceso de elaboración y maridajes con productos regionales como cordero patagónico, trucha ahumada y quesos artesanales.
Enoturismo en la Patagonia, una experiencia integrada: vino, paisaje y ciencia
La genialidad de esta propuesta turística radica en su capacidad para integrar experiencias aparentemente dispares en un recorrido coherente y fascinante. Los mismos paisajes áridos, los suelos antiguos y las formaciones rocosas que narran la historia de los dinosaurios son los que otorgan a los vinos patagónicos su personalidad única.
Un itinerario típico podría comenzar con una visita matinal a los yacimientos paleontológicos, donde el sol ilumina las formaciones rocosas revelando tonalidades ocres y rojizas que transportan a otra era. Después del mediodía, el viajero puede dirigirse a alguna de las bodegas de la región para degustar un Pinot Noir fresco y elegante mientras contempla los mismos Andes que los dinosaurios vieron emerger hace millones de años.
La gastronomía local completa el triángulo perfecto: cordero patagónico cocinado lentamente, truchas de ríos cristalinos, frutos rojos silvestres y chocolates artesanales que maridan perfectamente con los vinos de la región, creando una experiencia sensorial completa.
Más allá del vino y los dinosaurios
La región ofrece también actividades complementarias para quienes buscan una experiencia más completa. El embalse Ezequiel Ramos Mexía en Villa El Chocón es ideal para deportes náuticos y pesca deportiva, mientras que los ríos Limay y Neuquén atraen a pescadores de todo el mundo en busca de truchas y salmones.
Las estancias patagónicas abren sus puertas para mostrar la vida rural, la cría de ovejas y la producción de lana, permitiendo a los visitantes experimentar la autenticidad de la cultura gaucha patagónica. Los trekkings por cañadones y formaciones geológicas añaden una dimensión aventurera al viaje.
El futuro del enoturismo patagónico
La Patagonia vitivinícola está en plena expansión. Cada año surgen nuevos emprendimientos que apuestan por variedades poco comunes en otras regiones argentinas, aprovechando las condiciones climáticas extremas que favorecen vinos frescos, aromáticos y de notable acidez, muy valorados en los mercados internacionales.
La sustentabilidad es un eje central en este desarrollo. Las bodegas patagónicas incorporan prácticas orgánicas y biodinámicas, aprovechan la energía eólica abundante en la región y trabajan con un profundo respeto por el ecosistema único que las rodea.
La combinación de enoturismo y turismo paleontológico posiciona a la Patagonia como un destino diferenciado, capaz de atraer tanto a amantes del vino como a familias con niños fascinados por los dinosaurios, científicos, aventureros y viajeros en busca de experiencias auténticas lejos de los circuitos tradicionales.
En definitiva, visitar la Patagonia vitivinícola y recorrer la Ruta del Dino es emprender un viaje en el tiempo, donde cada copa de vino es un brindis al presente mientras se camina sobre las huellas de un pasado remoto, en un territorio que aún conserva la capacidad de asombrar y emocionar a quienes se aventuran a descubrirlo.

Sobrelías Redacción
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