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Armenia, donde nació el vino, un viaje por la cuna de la viticultura mundial
Mucho antes de que Burdeos, La Rioja, la Toscana o el Valle de Napa escribieran sus primeras páginas en la historia del vino, ya había un rincón del Cáucaso donde el ser humano fermentaba uvas, prensaba racimos y almacenaba vino en vasijas de barro. Ese lugar era Armenia.
Hablar de Armenia es hablar de uno de los orígenes de la civilización del vino. Es un país donde la arqueología, la religión, la cultura y la viticultura conviven desde hace milenios, formando un patrimonio que todavía hoy permanece sorprendentemente desconocido para buena parte de los aficionados occidentales.
Quien viaje hasta allí descubrirá mucho más que bodegas. Encontrará monasterios medievales rodeados de viñedos, carreteras que atraviesan montañas volcánicas, cuevas donde se elaboró vino hace más de seis milenios, una gastronomía extraordinaria y un pueblo que considera el vino parte inseparable de su identidad nacional.
Bienvenidos a Armenia, probablemente el lugar donde comenzó la historia del vino.
El vino según la Biblia
La tradición judeocristiana sitúa uno de los episodios más conocidos de la historia del vino precisamente en estas tierras.
Según el libro del Génesis, tras el Diluvio Universal, el Arca de Noé descansó sobre el monte Ararat. Después de abandonar el arca, Noé plantó una viña, obtuvo vino y, según narra la Biblia, llegó incluso a embriagarse tras la primera vendimia.
Más allá del componente religioso, resulta fascinante comprobar cómo la arqueología moderna ha terminado reforzando esa antiquísima tradición.
En 2007 un equipo internacional de arqueólogos descubrió, en la cueva de Areni-1, situada en la provincia de Vayots Dzor, la que hoy está considerada la bodega más antigua conocida del mundo.
Los hallazgos fueron extraordinarios. Una prensa para uvas perfectamente conservada, unas cubas de fermentación excavadas en el suelo, recipientes de almacenamiento, semillas de uva, restos de vino, copas para beber o utensilios destinados a la elaboración vinícola.
Las dataciones mediante carbono-14 situaron el conjunto alrededor del 4100 a.C., hace aproximadamente 6.100 años, varios siglos antes de las pirámides de Egipto.
Este descubrimiento cambió para siempre la historia de la viticultura mundial.
Un país diseñado para cultivar viñas
Armenia posee unas condiciones naturales excepcionales para la viticultura.
A pesar de ser un país relativamente pequeño, presenta enormes diferencias de altitud. Gran parte de sus viñedos se sitúan entre los 900 y los 1.800 metros, lo que favorece una importante amplitud térmica entre el día y la noche.
Estas diferencias permiten conservar la acidez natural de las uvas mientras desarrollan una excelente maduración fenólica.
A ello se unen suelos volcánicos muy pobres, con abundante piedra caliza, escasas precipitaciones, con más de 300 días de sol al año y un aire extremadamente seco.
Todo ello reduce la presión de enfermedades y permite elaborar vinos con gran concentración aromática y excelente capacidad de envejecimiento.
No es casualidad que numerosos especialistas definan Armenia como uno de los terroirs más singulares del planeta.
Más de 400 variedades autóctonas
Uno de los grandes patrimonios de Armenia reside en su inmensa biodiversidad.
Los investigadores estiman que el país conserva más de 400 variedades autóctonas, muchas de ellas prácticamente desconocidas fuera de sus fronteras.
Este enorme banco genético convierte al país en un auténtico museo vivo de la vid.
Areni Noir, la gran reina tinta
La variedad más famosa es la Areni Noir, cultivada desde hace miles de años en Vayots Dzor.
Produce vinos elegantes, muy alejados de los tintos excesivamente maduros que dominan actualmente muchos mercados.
En copa suele mostrar cerezas negras, granadas, arándanos, pimienta negra, tomillo, grafito y notas minerales.
Su elevada acidez y taninos finos permiten largas crianzas sin perder frescura.
Muchos críticos internacionales la comparan con una mezcla entre Pinot Noir, Nebbiolo y Sangiovese, aunque posee una personalidad completamente propia.
Voskehat, el oro blanco armenio
Si Areni es la reina tinta, Voskehat («baya dorada») representa el gran patrimonio blanco del país.
Se cultiva desde hace más de tres mil años y probablemente sea una de las variedades blancas más antiguas todavía en producción.
Los vinos presentan aromas de flores blancas, melocotón, membrillo, cítricos, miel y hierbas de montaña.
Su buena estructura permite incluso crianzas sobre lías o en barrica, obteniendo blancos complejos y gastronómicos.
Otras variedades interesantes
La riqueza vitícola armenia es inmensa. Entre las variedades más destacadas encontramos entre las variedades blancas a la Kangun, la Khatoun Kharji, la Garan Dmak, la Mskhali o la Chilar; mientras, entre las tintas, encontramos a la Haghtanak, la Tozot, la Tigrani, la Sireni o la Kakhet.
Muchas de ellas apenas salen del mercado nacional, lo que convierte cada visita al país en una auténtica experiencia para cualquier aficionado al vino.
El renacimiento del vino armenio
Durante la época soviética Armenia orientó gran parte de su producción hacia el brandy, especialmente el famoso Ararat Brandy, dejando el vino en un segundo plano.
Tras la independencia en 1991 comenzó un auténtico renacimiento.
Una nueva generación de enólogos recuperó variedades tradicionales, restauró antiguos viñedos y apostó por elaborar vinos de calidad capaces de competir internacionalmente.
Hoy muchas bodegas trabajan con rendimientos muy bajos, agricultura sostenible y una mezcla muy interesante entre tradición e innovación.
Cada año aumenta la presencia de vinos armenios en concursos internacionales, donde obtienen medallas con creciente frecuencia.
La tradición de las karas: las ánforas armenias
Mucho antes de la popularización de las barricas de roble, Armenia ya elaboraba vino en enormes recipientes de barro conocidos como karas.
Estas vasijas, enterradas parcialmente bajo tierra, permiten una fermentación estable y una microoxigenación muy similar a la de las famosas qvevri georgianas.
Actualmente numerosas bodegas han recuperado este método ancestral, elaborando vinos naturales y de mínima intervención que reflejan con enorme fidelidad el carácter del viñedo.
Para muchos visitantes constituye una de las experiencias más interesantes del país.
Las grandes regiones vinícolas
Vayots Dzor
Es la región más prestigiosa de Armenia. Aquí nació la fama de la Areni Noir y aquí se encuentra la histórica cueva Areni-1.
Los viñedos se sitúan a gran altitud entre montañas espectaculares. El paisaje es sencillamente inolvidable.
Entre las bodegas más conocidas destacan Zorah Wines, Trinity Canyon Vineyards, Old Bridge Winery, Momik Wines o Hin Areni Winery.

Valle de Ararat
Es el gran corazón agrícola del país.
La fertilidad de sus suelos y el clima relativamente cálido permiten producir tanto uvas tintas como blancas.
Aquí también se encuentra la legendaria fábrica de brandy Ararat, una visita imprescindible para quienes quieran comprender la historia de los destilados armenios.
En los días despejados el monte Ararat domina completamente el horizonte, aunque actualmente pertenece al territorio de Turquía.

Armavir
Una región moderna que ha experimentado un enorme crecimiento durante la última década.
Muchas bodegas jóvenes están apostando por técnicas de vinificación muy innovadoras sin renunciar a las variedades locales.
Destacan especialmente Van Ardi, Armenia Wine o Karas Wines.
Aragatsotn
Situada en zonas montañosas de elevada altitud.
Produce excelentes vinos blancos, especialmente de Voskehat, además de algunos espumosos muy interesantes.
Tavush
Al norte del país, junto a la frontera con Georgia.
Es una región mucho más verde, con bosques y temperaturas más suaves.
Poco conocida internacionalmente, representa uno de los grandes potenciales del futuro vitivinícola armenio.
Las rutas del vino en Armenia
Aunque todavía no poseen la fama de otras rutas europeas, el enoturismo armenio está creciendo con enorme rapidez.

Ruta de Areni
Es probablemente la más conocida.
Permite visitar la cueva Areni-1, numerosas bodegas familiares, el monasterio de Noravank, pequeños productores artesanales y mercados locales.
Todo ello en apenas unos pocos kilómetros.
Ruta del Valle de Ararat
Ideal para combinar vino, historia y cultura.
Incluye: Ereván, la destilería Ararat, varias bodegas contemporáneas uy vistas privilegiadas del monte Ararat.
Ruta de Armavir
Perfecta para conocer el renacimiento moderno del vino armenio.
Las bodegas suelen ofrecer degustaciones muy completas acompañadas de gastronomía local.

El festival que todo amante del vino debería conocer
Cada primer sábado de octubre se celebra el Areni Wine Festival, posiblemente el evento enológico más importante del país.
Miles de visitantes llenan las calles del pequeño pueblo de Areni para disfrutar de degustaciones, concursos de vino, gastronomía tradicional, música folclórica, bailes populares, artesanía o demostraciones de prensado tradicional.
Es una magnífica oportunidad para conocer la hospitalidad armenia.
Bodegas imprescindibles
Quienes viajen a Armenia deberían intentar visitar algunas de estas referencias:
- Zorah Wines, considerada una de las bodegas que revolucionó el vino armenio moderno.
- Karas Wines, proyecto impulsado por la familia argentina Eurnekian.
- Armenia Wine, una de las mayores bodegas del país.
- Van Ardi Winery, especializada en variedades autóctonas.
- Old Bridge Winery, pequeña producción de enorme calidad.
- Trinity Canyon Vineyards, pionera en vinos elaborados con karas.
- Hin Areni, situada junto a la famosa cueva.
La gastronomía armenia, una aliada perfecta del vino
Uno de los grandes descubrimientos del viajero suele ser su cocina.
La gastronomía armenia combina influencias caucásicas, persas, mediterráneas y de Oriente Próximo.
Entre los platos imprescindibles destacan:
Khorovats
El gran símbolo culinario del país.
Se trata de carne asada lentamente sobre brasas, normalmente cordero o cerdo, acompañada de verduras.
Con un Areni Noir forma una armonía extraordinaria.
Dolma
Hojas de parra rellenas de carne y arroz, muy aromáticas.
Maridan perfectamente con blancos de Voskehat.
Harissa
Un antiguo guiso elaborado con trigo y pollo cocinado durante horas.
Reconfortante y muy representativo de la cocina tradicional.
Lavash
El famoso pan armenio, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO.
Acompaña prácticamente cualquier comida.
Basturma
Carne curada con especias, intensa y muy sabrosa.
Ideal con vinos tintos de mayor estructura.
Gata
El postre más famoso del país.
Un dulce tradicional que combina especialmente bien con vinos dulces elaborados a partir de Kakhet.

Más allá del vino: monasterios entre viñedos
Viajar por Armenia supone recorrer uno de los países con mayor concentración de monasterios medievales del mundo.
Muchos de ellos se levantan rodeados de viñedos centenarios.
Especialmente recomendables son: Noravank, Khor Virap, Geghard, Tatev, Haghpat y Sanahin.
Resulta difícil encontrar otro lugar donde patrimonio religioso y cultura del vino aparezcan tan íntimamente unidos.
Un destino todavía por descubrir
Mientras otras regiones vitivinícolas reciben millones de visitantes cada año, Armenia continúa siendo un destino relativamente desconocido.
Precisamente ahí reside buena parte de su encanto.
Las bodegas suelen ser pequeñas, familiares y extremadamente hospitalarias. Es habitual que el propio propietario acompañe al visitante durante toda la degustación, explicando la historia de cada parcela, de cada variedad y de cada vino.
No existen grandes aglomeraciones ni turismo masificado. Todo se vive con calma, autenticidad y una cercanía difícil de encontrar en otros destinos vinícolas más consolidados.
El futuro de una historia que comenzó hace seis mil años
Armenia no necesita inventar un relato para justificar su tradición vitivinícola. Su historia está escrita en la roca, en las cuevas de Areni, en las antiguas karas enterradas bajo tierra y en cientos de variedades de uva que han sobrevivido al paso de los siglos.
El país ha sabido combinar ese legado milenario con una nueva generación de enólogos que mira al futuro sin renunciar a sus raíces. El resultado son vinos con identidad propia, alejados de modas pasajeras y profundamente ligados a un territorio único.
Quizá todavía no figure entre los grandes destinos enoturísticos del mundo. Pero precisamente por eso merece ser descubierto ahora, cuando aún conserva esa autenticidad que tantos viajeros buscan.
Porque visitar Armenia no es simplemente hacer una ruta del vino. Es viajar al lugar donde, hace más de seis mil años, alguien decidió por primera vez transformar unas uvas en algo mucho más grande que una bebida.
En cierto modo, es regresar al origen mismo de la cultura del vino.

Sobrelías Redacción
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