Santorini

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viñedos centenarios de Santorini

Los emblemáticos viñedos de la isla griega de Santorini, reconocidos por producir algunos de los vinos más singulares del Mediterráneo, atraviesan uno de los momentos más delicados de su historia. La combinación de temperaturas extremas, una prolongada sequía y la creciente escasez de agua está comprometiendo la supervivencia de cepas centenarias y obligando a los viticultores a reinventar su forma de cultivar la vid.

Uno de los símbolos de esta crisis es la muerte de una vid de aproximadamente 90 años, formada según el tradicional sistema de conducción kouloura, una técnica exclusiva de Santorini en la que los sarmientos se entrelazan formando una cesta que protege los racimos del intenso viento y de la radiación solar. Durante décadas, este método ha permitido a las cepas sobrevivir en un entorno volcánico extremadamente árido, pero las condiciones climáticas registradas en los últimos años han superado incluso la resistencia de estas plantas históricas.

Las precipitaciones excepcionalmente bajas entre 2023 y 2025, unidas a sucesivas olas de calor, han reducido drásticamente la producción vitícola de la isla. La variedad autóctona Assyrtiko, emblema de Santorini, ha visto caer su cosecha desde unas 2.500 toneladas hasta apenas 500 toneladas en pocos años, una reducción que ha disparado el precio de la uva hasta los 10 euros por kilogramo, cifras comparables a las de regiones vinícolas tan prestigiosas como Champagne.

Para los productores, el problema ya no consiste únicamente en obtener menores rendimientos, sino en garantizar la continuidad del viñedo. Las antiguas cepas, muchas de ellas de enorme valor patrimonial, muestran signos de agotamiento tras varios años consecutivos de estrés hídrico. La falta de lluvias, sumada al abandono de algunas parcelas y a unas temperaturas cada vez más elevadas, está acelerando su deterioro.

Ante este escenario, numerosas bodegas están apostando por soluciones innovadoras sin renunciar a la identidad vitícola de la isla. Entre las iniciativas más prometedoras figura un proyecto piloto que pretende reutilizar aguas residuales procedentes de viviendas y establecimientos turísticos para el riego del viñedo, una estrategia que ya se emplea con éxito en otras regiones vitícolas del mundo. El objetivo es reducir la dependencia de las costosas plantas desalinizadoras y asegurar un suministro de agua más sostenible.

La innovación también alcanza al propio diseño del viñedo. Algunos viticultores experimentan con nuevas disposiciones de plantación que facilitan un riego más eficiente, mientras que otros prueban sistemas de irrigación subterránea que limitan las pérdidas por evaporación. Paralelamente, se desarrollan tecnologías capaces de captar la humedad atmosférica mediante materiales especiales alimentados con energía solar, una alternativa especialmente interesante en una isla donde el rocío constituye una fuente natural de agua para las cepas.

Sin embargo, la presión sobre los recursos hídricos va más allá del sector vitivinícola. Durante la temporada turística, millones de visitantes incrementan notablemente la demanda de agua en Santorini, intensificando la competencia entre agricultura, hoteles, piscinas y otros usos urbanos. Este conflicto por un recurso cada vez más escaso añade una dificultad adicional a la supervivencia de la viticultura insular.

Los expertos advierten de que lo que ocurre en Santorini podría ser un anticipo de un problema mucho más amplio. Las regiones vitícolas del Mediterráneo afrontan un futuro marcado por veranos más largos, cálidos y secos, lo que podría modificar profundamente la calidad, el estilo e incluso la viabilidad económica de muchos vinos tradicionales. Mantener el carácter diferencial de estas elaboraciones dependerá, en buena medida, de la capacidad del sector para adaptarse a unas condiciones climáticas radicalmente distintas a las que dieron origen a sus viñedos históricos

Sobrelías Redacción

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Por Sobrelías Redacción

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