Botella y copa de Millenium 2008 (Tinto Pesquera)

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Tinto Pesquera Millenium Reserva 2008

Hay vinos que se disfrutan. Otros se recuerdan. Y luego están aquellos que consiguen emocionar desde el mismo instante en que sostienes la botella entre las manos. Eso es exactamente lo que sucede con Tinto Pesquera Millenium Reserva 2008, una de las grandes joyas de Familia Fernández Rivera.

En esta ocasión volvemos a un lugar muy especial para mí: Pesquera de Duero, el corazón de la Ribera del Duero. Un pueblo que respira vino por cada una de sus calles y que vio nacer el sueño de Alejandro Fernández, uno de los nombres imprescindibles para entender la revolución de los grandes tintos españoles.

Millenium no es un vino cualquiera. Es probablemente la interpretación más elegante, refinada y exclusiva que la bodega ha realizado de la variedad Tempranillo. Un vino que nace de un viñedo cargado de historia: Viña Alta, donde el propio Alejandro Fernández plantó sus primeras cepas a finales de los años sesenta y comienzos de los setenta. Viñas situadas a más de 800 metros de altitud, sobre suelos pobres, cubiertos de canto rodado y con una base arcillosa que obliga a la planta a esforzarse para ofrecer lo mejor de sí misma.

El entorno hace el resto. El clima continental de influencia atlántica imprime carácter a cada cosecha. Los inviernos son largos, secos y especialmente fríos; los veranos, cortos y calurosos, mientras el viento y una pluviometría cercana a los 400 milímetros anuales terminan de moldear un paisaje donde cada racimo madura lentamente, concentrando aromas, frescura y una enorme personalidad.

Pero si algo distingue a Millenium dentro del universo de Familia Fernández Rivera es su crianza. Es el único vino de todas sus bodegas que permanece 24 meses en barricas nuevas de roble francés de grano extrafino, para después descansar cinco años más en botella antes de ver la luz. Una elaboración paciente, casi artesanal, donde el tiempo deja de ser una medida para convertirse en un ingrediente más.

Y esa paciencia se percibe desde la primera copa.

Cata

Su color conserva una sorprendente intensidad, con un profundo tono rubí y delicados matices teja que anuncian una evolución impecable. En nariz despliega una complejidad fascinante: fruta negra madura, ciruelas, cerezas en licor y confitura conviven con elegantes recuerdos de cacao, tabaco, cedro, café recién tostado, especias dulces y un delicado fondo balsámico que aporta frescura y profundidad.

En boca sucede la verdadera magia. La entrada es sedosa, amplia y envolvente. Los taninos aparecen completamente pulidos tras tantos años de evolución, sosteniendo un vino equilibrado, elegante y extraordinariamente largo. Cada sorbo descubre nuevos matices, prolongando una sensación de armonía que parece no terminar nunca. Es uno de esos vinos que invitan a detener la conversación unos segundos para escuchar únicamente lo que cuenta la copa.

Y, sin embargo, hay otro detalle que siempre consigue atraparme antes incluso de descorchar la botella: su etiqueta.

Qué maravilla aquellas etiquetas clásicas, sobrias, elegantes, capaces de transmitir prestigio sin necesidad de artificios. Diseños que hoy casi pertenecen a otra época y que reflejan perfectamente la filosofía de vinos como este: dejar que sea el contenido quien hable por sí solo.

Millenium 2008 no busca impresionar con potencia ni con exuberancia. Seduce desde la serenidad, desde la elegancia y desde esa capacidad tan escasa de emocionar sin hacer ruido. Es uno de esos vinos que recuerdan por qué el tiempo sigue siendo el mejor aliado de los grandes tintos.

Una auténtica obra de arte. Por fuera… y, sobre todo, por dentro.

Francisco José Miranda

De Córdoba.

Miembro de la Asociación de Sumilleres de Córdoba.

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@mirandafranciscojose

Por Francisco José Miranda

De Córdoba.

Miembro de la Asociación de Sumilleres de Córdoba.

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