El futuro del vino pasa por el enoturismo

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El futuro del vino pasa por el enoturismo

El futuro del vino pasa por el enoturismo

El sector del vino lleva varias décadas en caída pero, en estos momentos, se puede hablar de que se están dando varias circunstancias a la vez que dejan una situación muy próxima a la ‘tormenta perfecta’. 

Por un lado, hay una caída en el consumo ya que la gente demanda bebidas con menos graduación o sin ella por temas de salud; se le une la falta de ‘nuevos bebedores’ de vino entre los Millennials y la Generación Z que sustituya a los bebedores actuales; subida de todos los costes en la elaboración del vino, desde la propia uva, la mano de obra, vidrio, etiquetas,…, lo que hace que haya que subir el precio de la botella de vino; dos años (aunque realmente lleva más tiempo), una inflación desbocada que hace que los consumidores deban prescindir de lo no esencial, y el vino no lo es.

Por otro, cada día hay más bodegas de pequeño tamaño que dan el salto a la elaboración de vinos para su comercialización; grandes bodegas ‘tiran’ los precios en grandes superficies para ‘echar’ competidores del mercado; el ‘estigma’ que tiene el vino español en muchos países de nuestro entorno como que somos los productores del ‘vino a granel’ de baja calidad.

¿Conclusión? Un sector realmente deficitario que vive de las subvenciones de ‘dinero público’ que dan las Administraciones Públicas y lo mantienen a flote. Lo triste es que estas ‘inyecciones’ de dinero público siempre se quedan en las mismas manos.

El futuro del vino pasa por el enoturismo. El enoturista presenta un mayor poder adquisitivo.

Si Mahoma va a la montaña……

Cada vez que una entidad pública saca ayudas para la internacionalización de vinos españoles para que entren en mercados exteriores, no se si se dan cuenta que cada comunidad autónoma las da para sus vinos, lo que hace que, de repente, por poner un ejemplo, ‘desembarquen’ 6 o 7 Comunidades Autónomas con ‘salones’ de sus vinos en New York, buscando mercado, todo ello con dinero público. Pero no solo compiten entre ellas, sino que compiten con otras tantas que realizan otros países productores para promocionar las elaboraciones de sus diferentes zonas.

¿Resultado? Los que quieran probar ‘vinos gratis’ de medio mundo, se están poniendo ‘morados’ en New York.

Pero como ‘tirar con pólvora del rey’ es lo que tiene, que vale para ‘vender la foto’, al final falta la primera expedición de vinos españoles en el extranjero que reconozca que haya sido un fracaso. Por el medio, consultoras ‘vende humos’ que se están llevando cantidades ingentes y sangrantes de dinero público por nada de nada.

Apostaríamos que más de un 75% de los que acuden a estos salones de vinos españoles van porque les sale gratis y a ‘ponerse como piojos’ ya que, a fin de cuentas, en cualquier vinoteca de un país como los EE.UU. siempre ves los vinos de las mismas bodegas en las estanterías (ocasionalmente ves algún productor nuevo, pero las menos).

Está claro que estas expediciones que denominamos como ‘Mahoma va a la montaña’, tienen mínimo retorno porque la competencia por entrar en estos mercadas es ‘salvaje’, tanto entre vinos españoles de diferentes zonas como entre vinos españoles y de otras nacionalidades. Pero eso sí, sirven como ‘coladero de dinero público’.

¿Y si la montaña va a Mahoma?

Las pequeñas bodegas españolas pueden mandar sus vinos a estos salones internacionales pero difícilmente pueden costear el mandar a alguien de su plantilla. Eso sí, ayudan a hacer bulto para que las grandes bodegas, que si llevan a gente de sus plantillas, no se encuentren solas en los salones.

Todo el sector del vino debe de percatarse de una cuestión importante: «salvo cuatro ‘frikis’ como nosotros que disfrutamos probando cualquier vino en cualquier sitio, la gente que quiere adentrarse en el mundo del vino quiere una experiencia, no quiere solo beber vino».

El futuro del vino pasa por el enoturismo

Tradicional transporte de barriles de vino por el río Duero en Oporto

Yo, si quisiera adentrarme en el mundo del vino, me gustaría no solo probar un vino en mi casa que un crítico me recomiende. Me gustaría que me explicasen cómo se elabora, ver de donde salen las uvas que utilizan, conocer ‘su historia’, saber más del entrono natural de donde se elabora el vino, visitar la cultura y probar la gastronomía del entorno,…., en fin, que quiero una experiencia sensorial en toda regla y que estaría dispuesto a pagar sin duda ya que, al final lo que recordamos son ‘experiencias vividas’ y no vinos probados. Uno se acuerda de una velada de hace 5 años con unos amigos, que disfrutó de una excelente gastronomía, ambiente,…, que lo pasó genial,…., de lo que vio,…., pero a lo mejor no se acuerda de que vino tomó aquel día.

Por eso consideramos que es fundamental para las bodegas hoy en día, pensando en mantenerse ‘vivas en el futuro’, que se preocupen por explotar el Enoturismo, entendido como el proporcionar experiencias sensoriales que los enoturistas recuerden en el tiempo.

Muchas zonas de gran reconocimiento en el mundo del vino como pueden ser Burdeos, Borgoña, Toscana, Napa Valley,…. tienen unas actividades de enoturismo realmente fascinantes porque consideran que no hay que vender solo el vino, hay que vender todo, cultura, naturaleza, gastronomía, … un paquete de experiencias que se mantengan en el tiempo en la mente del enoturista y que hagan luego que los vinos de esa zona sean demandados por los visitantes recordando las grandes experiencias vividas cuando visitaron la zona.

Si por ejemplo, alguien realiza una visita Burdeos, prueba sus vinos, visita sus Chateâux, pasea por los bosques naturales, visitas los castillos medievales y disfruta de su gastronomía, haciendo que sea un viaje inolvidable, cuando esté de vuelta en su casa y tenga que elegir entre un vino de Burdeos o un vino de otra zona ¿cual comprará?

En España deberíamos preguntarnos el por qué aquellas zonas vitivinícolas de más reconocimiento internacional son las que realmente presentan a la vez mayores ofertas de enoturismo y más visitantes anualmente. ¿Qué fue primero, que alguien se enamore de un vino y luego visite donde se ha elaborado o que visite esa zona, se enamore de todo el entorno, de la experiencia y a raiz de eso se haga amante de los vinos de dicha zona?

El futuro del vino pasa por el enoturismo

Pareja visitando bodega en Burdeos

Tenemos turistas pero no enoturistas

Lo que no deja de ser algo realmente chocante es que somos uno de los países con mayores receptores de turistas del mundo pero, ni de lejos, somos de los primeros en tener enoturistas. ¿Qué falla?

Si tengo más de 80 millones de turistas al año, mi preocupación sería la de que un 10% de estos pudieran ser enoturistas ya que, a su vuelta, serían unos embajadores de nuestro país, de nuestros vinos, de nuestra gastronomía, de nuestra cultura, de nuestro entorno.

¿Sabías que en Japón hay concurso de ‘venenciadores de vino’? (típico de Jerez cuando se ‘escancia’ el vino en catavinos). Los turistas japoneses que visitan nuestro país y han visitado las bodegas jerezanas han quedado fascinados de cómo se sirve el vino allí, hasta tal punto que han organizado concursos en Japón. Se han empapado de nuestra cultura, de nuestra historia, convirtiéndose en embajadores de nuestros vinos jerezanos y ‘sherrys’ en su país y, por lo tanto, en fuente de reclamo de más turistas que son a la vez turistas y enoturistas.

Un gran ejemplo lo tenemos con la ‘paella valenciana’. Restaurantes de medio mundo elaboran o intentan elaborar paellas valencianas, siendo un reclamo gastronómico-turístico para que la gente considere como destino para sus vacaciones la Comunidad Valenciana.

¿Por qué las administraciones públicas no se preocupan de que los turistas que visitan nuestro país se conviertan en enoturistas y, a la vez, en embajadores de nuestros vinos en sus países de origen? Será más sencillo trabajar a los turistas que ya están aquí que ir a competir a una ciudad como New York entre todas las zonas españolas productoras y entre todos los países que acuden. Lo que si es sobre todo, más económico en términos de dinero público.

¿Por qué afirmamos que el futuro del vino pasa por el enoturismo? Por que además hay un punto de ‘democratización’ en el enoturismo: un turista de ‘sol y playa’ en Benidorm, puede tener en un radio muy pequeño de kilómetros un gran número de bodegas para visitar, naturaleza que contemplar y gastronomía que probar y degustar, sin que tenga que ser una bodega enorme en tamaño. Si la oferta enoturística que ofrece (completa y atractiva) consigue traer enoturistas, serán sin duda una forma de llevar sus vinos a otros países porque al final, el enoturista se acordará de la experiencia vivida y no de si probó este o aquel vino.

El futuro del vino pasa por el enoturismo

Cualquier bodega, con independencia de su tamaño, puede tener un plan de enoturismo que sea atractivo, igual para grupos de 10 personas y no de 40 (por ser más pequeña), pero sin duda ser una forma que ayude a que sobreviva en un entorno realmente difícil como el actual.

Sobrelías Redacción

Sobrelías Redacción

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