Alternativas de las bodegas para conseguir vender más vino

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Alternativas de las bodegas para conseguir vender más vino

Alternativas de las bodegas para conseguir vender más vino

Muchas bodegas siguen fieles a su línea de elaboración, sus perfiles de vinos y su historia. Es una idea que nos parece perfecta si tienen una estrategia planificada y les va bien.

Pero hay otras bodegas, muchas dicho sea de paso, que o bien están lanzando y dando a conocer sus vinos o bien quieren copiar de las bodegas ya más reconocidas su forma de actuar. Es aquí donde no se dan cuenta que hay un factor clave que puede permitir a una bodega adentrarse en el mundo del vino y mantener sus ventas. Lo importante es «escuchar lo que el cliente demanda».

Si el cliente demandan vinos potentes, con crianza larga en barrica, gastronómicos, …., pues habrá que elaborar vinos de ese perfil. Si demanda vinos ligeros, frescos, para copeteo, pues habrá que tirar por ese camino entonces.

Qué dicen ahora los consumidores

Y empezamos por hacer una diferenciación: Las bodegas deben «escuchar» y no «oir» lo que dicen los consumidores. Escuchar de forma activa y proactiva y tomar medidas y decisiones.

Lo primero que dicen es que beben menos vino. La producción se mantiene a nivel mundial pero se consume menos. Cervezas y bebidas espirituosas ganan mercado. Y dentro de los que beben menos, la gente prefiere tomar menos vinos y ‘en teoría’ mejores, y eso lo vincula a vinos de mayor precio. Se tiende a la ‘premiurización‘. Y para que una bodega pueda subir los precios debe haber algo objetivo en ello o diferente de lo que hacía, no puede subir porque sí los precios para que la consideren mejor. Eso es oir y no escuchar.

Lo segundo que dicen es que se beben vinos con menor graduación. La salud y la preocupación por el exceso consumo de alcohol ha llegado de lleno a los Millennials y a la generación Z sin duda. No es lo mismo beber una cerveza de 4º o 5º que un vino de 13 o 14% vol. Es más, hay un perfil de bebedores que quieren vino ‘sin alcohol’ (aunque eso es algo que hace que no sea vino, pero si compite). De hecho un reciente informe realizado por Drizly indica que va a aumentar un tercio el consumo de vinos sin alcohol hasta 2026.

Lo que está claro es que no todas las bodegas pueden ir a producir vinos sin alcohol o de baja graduación, por lo tanto, hay que buscar alternativas.

Una de las alternativas que ya os comentamos hace ya un par de años se ha convertido por ejemplo en una tendencia en algunos países como los EE.UU., que es la de emplear vino como un ingrediente en la coctelería. Y es que además permite que el desembolso de una botella de vino para elaborar un solo cocktail se minimice si es algo que se empiece a estandarizar. De hecho, hay establecimientos en EE.UU. en los que los consumidores acceden a docenas de cócteles con ingredientes sin alcohol mezclados con vinos, algo que favorece sin duda la rotación de los vinos en los negocios de hostelería.

El potencial o nicho de mercado de vinos de baja o nula graduación, está ahí, pero no es válido para todas las bodegas.

Democratizar el vino  

Lo que debería de hacer el sector del vino, justo al contrario de lo que hace la mayoría de las bodegas españolas, es «democratizar el vino«, o sea, hacerlo más accesible para que la gente lo disfrute. Pero en este país hay muchos «elementos» que «viven» del sector y que prefieren que sea un perfil de clientes «snob» el que consuma vino porque así puede pagar más por una botella. Críticos, influencers, pseudoprensa especializada,… muchas bocas que alimentar y si democratizar el consumo del vino es ponerlo asequible a más gente (lo que aumentará las ventas), hace que no todos tengan hueco y pierdan parte del pastel.

Por eso la tendencia en España es justamente la contraria: el excesivo control de críticos y medios a mantener «apesebrados» (impuesto por grandes bodegas) impide que se democratice el consumo del vino entre más gente. Luego dicen que hay que captar a nuevos bebedores de vino porque se los está llevando el mundo de la cerveza, ¡¡normal!! cuando una cerveza cuesta 1,5 euros  y una copa de vino (si se de los que se sirve por copas) cuesta unos 3 euros con suerte (no digamos cuando una botella ya de un vino ciertamente reconocido no baja de entre 15 y 20 euros).

Tristemente, alguien que sale «de ronda» en grupo, no puede permitirse el «salir de vinos» en España, pero si «salir de cervezas». Y mucho de esto es debido al desembolso que realizan muchas bodegas en pagar a críticos y medios por darles altas puntuaciones que les permitan vender sus vinos más caros (la pescadilla que se muerde la cola). Mientras más funcione este sistema, menos vino se venderá.

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Como sabemos que en España esto no va a cambiar, que el mercado lo «dirigen cuatro» y son los que se llevan el pastel, queremos dejaros un consejo si sois una bodega de reciente creación o que no queréis seguir la «línea dictada por el oligopolio del mundo del vino»:

La persona que llega y dice que no le gusta el vino, pero lo está probando como ingrediente de un cocktail piensa ‘realmente no bebo vino’«.

Las bodegas que buscan aumentar las ventas de botellas o atraer a los no bebedores de vino a probar sus elaboraciones deberían intentar atraer a los clientes con cócteles. Mezcla las cosas, por así decirlo.

Sobrelías Redacción

Sobrelías Redacción

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