Limoncello

Limoncello

Limoncello

El limoncello, o también conocido como limoncillo, es un licor típico italiano, que se obtiene a través de la maceración en alcohol de la cáscara de limón principalmente pero puede verse reforzado por más cítricos, a lo cual se le añade un jarabe hecho con agua y azúcar.

Es uno de los productos estrella de la región de Campanita y la elaboración de este clásico licor es solamente con los limones cultivados en la Costa Amalfitana en el Golfo de Salerno. Cierto es que también emplean los productores de este licor los limones del Lago de Garda, Trentino, Trieste y Sicilia.

Después del éxito obtenido en Italia, en California se elabora y se consume casi la totalidad de sus limones en elaborar este licor, y en la República Dominicana existe una variedad de este licor artesanal elaborada con una base de vodka o ron blanco, y emplean la corteza del limón conocido como Persa, un limón verde. No olvidemos recordar que en España hay una empresa en la localidad de Yepes en Toledo que lo elabora desde 1923.

Después de mezclar y embotellar tiene que estar en reposo al menos un mes que es lo que tarda en coger ese color amarillo propio de él, y queda ya adecuadamente preparado para disfrutar como el digestivo que todos conocemos. Se ha de consumir muy frío, y también recordarles que se suele utilizar como aromatizante en repostería y gelatinas.

Historia

Según la leyenda, este licor nace a principios del siglo XX, en una pequeña casa de la Isola Azzurra, donde la señora Maria Antonia Farace cultivaba un jardín lleno de limones y naranjas. Su nieto, después de la guerra, abrió un bar próximo a Villa Axel Munthe. La especialidad de la barra fue sólo el licor de limón elaborado con la receta de su abuela . En 1988, su hijo Massimo Canale inició una pequeña producción artesanal de limoncello, registrando la marca. Pero, en realidad, incluso en las localidades Sorrento y Amalfi, hay leyendas e historias sobre el origen de la producción de este licor. Sin embargo, como suele ocurrir en tales circunstancias, la verdad es nebulosa y las suposiciones son muchas y cada vez más sorprendentes. Algunos dicen que el limoncello fue utilizado por los pescadores y los agricultores para combatir el frío, ya en el momento de la invasión de los sarracenos en el siglo XI. Otros, no obstante, creen que la receta nació en un convento del siglo XI para el deleite de los frailes entre una oración y otra.

La verdad, tal vez, nunca la sabremos. Pero más allá de las cuestiones puramente parroquiales, el licor tradicional de color amarillo ha cruzado las fronteras durante las últimas décadas con la conquista de la mitad de los mercados mundiales. Botellas de limoncello están presentes en las estanterías de los mercados de ultramar, y en los nuevos escenarios de negocios que llegan al comercio asiático. Para protegerse contra las imitaciones, la empresa La Costiera di Vinaccia Ferdinand productora del Limón de Sorrento IGP, tiene su autenticidad.

Servicio

Se suele servir muy frío después de las comidas, ya que se guarda en el congelador debido a su alta graduación alcohólica; recordar que la congelación se produce al doble de sus grados bajo cero; se toma solo pero si resulta muy fuerte se puede acompañar de tónica o hielo.

Elaboración

El limoncello es un producto natural y artesanal, creado con la maceración de la cascara de los limones de Sorreto, a lo que solamente se le añade agua y azúcar. Su virtud es su aroma, ya que aporta esa esencia natural característica de tan preciado licor. Este licor tiene una graduación alcohólica que oscila entre los 38 y 40 grados.

7 Limones grandes

1 Litro de alcohol

1.350 gramos de azúcar

3 Litros de agua

Su grado de dificultad no es muy elevado. Lo primero es coger un pela patatas y sacar las tiras que podamos de la cáscara del limón, sin llegar a sacar ninguna que tenga nada de la parte blanca interna de este. Estas cortezas se introducen en un bote de cristal junto con el alcohol y se dejan reposar durante 12 días en un sitio seco y oscuro. Pasado ese tiempo procedemos a la elaboración. Para ello hacemos el almíbar que es un litro de agua cada 450 gramos de azúcar. Ponemos al fuego en una cazuela el agua y el azúcar y lo removemos hasta que tenga la consistencia del jarabe. Recomendamos no ponerlo a fuego fuerte no sea que hierba. Se deja enfriar y después se añade el alcohol, mezclándolo todo muy bien. Una vez embotellado y sin que la botella tenga nada de calor, se mete en el congelador. Esperar que se enfríe bien y haga más llevaderas las digestiones.

Víctor Rivas Estefanía
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Víctor Rivas Estefanía. Autor del libro '5107 Uvas de vino. Sinónimos y cruces'. Amante del vino y la buena gastronomía.