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5 Cosas que debería de haber aprendido el sector del vino en España del confinamiento

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5 Cosas que debería de haber aprendido el sector del vino en España del confinamiento

Consumo de vino: 5 Cosas que debería de haber aprendido el sector del vino en España durante el confinamiento y que, por desgracia, no creemos que haya aprendido.

Muchas veces se recurre al dicho de que ‘la letra con sangre entra’, pero muchas bodegas españolas, desangradas por el confinamiento, parece que ‘aun no les ha entrado la letra’.

Ha habido cosas comunes y otras que no, que han afectado al mundo del vino en esta crisis motivada por el Covid-19 con respecto a la crisis financiera de finales de la década pasada y comienzos de esta. Algunos actores del mundo del vino aprendieron de la anterior crisis, pero otros no.

Lo que sin duda podemos decir es que hay 5 cosas que de esta se deberían de aprender pero que no parece que sea el caso.

La premeurización, ‘el lujo se mantiene’ en el consumo de vino: menos en España, en prácticamente todos los grandes países consumidores de vino, durante el confinamiento, la venta de vinos de cierto nivel de precio (o cierta calidad si lo queremos comparar) se ha mantenido o incluso aumentado. En la crisis financiera la disminución de dinero en los hogares provocó una caída en el consumo. Pero en este confinamiento, la gente empezó a valorar los pequeños lujos de la vida. Los amantes del vino, ya que no podían salir de sus casas para acudir a sus catas habituales, decidieron llevar los vinos a su casa y hacerlas allí. Eso sí, ya de estar confinados, que sea disfrutando. ¿Conclusión? El precio medio del vino que se consumió en los hogares fue superior al que se consumía en los restaurantes antes del confinamiento. Los hogares gastaron de media más en una botella de vino que antes del confinamiento: confinados sí, pero disfrutando al menos. Pero en España no ha pasado esto. Los vinos de ‘copas’ en los bares y las bodegas que los elaboran cayeron en picado, ya que nadie adquiere online un vino de 4€ por ejemplo, pero la falta de cultura del consumo de vino, tampoco ha hecho que se adquirieran muchos vinos más caros.

Que se puede aprender de esto: no solo los vinos caros se toman en restaurantes, vinotecas o bares, sino que también se compran para tomarlos en casa. Las bodegas debían de darse cuenta que mejor vender menos y de mejor calidad, incrementando el precio, porque, en situaciones como esta, los pequeños lujos y alegrías de la vida, se valoran (no los vinos de 1€).

Los millennials han estado muy activos en el consumo de vino. Llevábamos años intentando inculcar a los millennials como que son los que tenían que tirar del mercado del vino y no sabíamos cómo. Pues este confinamiento nos ha dado una gran pista: las redes sociales e Internet. Catas online realizadas por bodegas, vinotecas, …, reuniones en aplicaciones como Zoom de catas virtuales entre amigos, … ¿Quién las han realizado? Pues claramente la población millennial. Si se quiere retener ese público como consumidor de vino, algo habrá que pensar para no volver a viejos hábitos. Lo mejor que se haya realizado durante la pandemia en el mundo online, debería de seguir empleándose tras el confinamiento y, captar así, a un perfil de consumidores de vinos que hasta ahora no estaba.

La venta online ha venido para quedarse en el consumo de vino. Aunque muchos lo han visto como un canal para minimizar las ventas por los canales tradicionales, el hecho es que las ventas online de vino funcionan. la comodidad de que el cliente reciba el vino en su casa, sin desplazamientos, hace incluso que esté dispuesto a pagar más por una botella de vino que antes de la pandemia. En su casa, con tranquilidad, puede disfrutar mejor de una copa de vino, con lo que le vale la pena gastarse un poco más en un vino de mayor calidad. La venta online no es para todos los tipos de vino sin duda, pero las bodegas inteligentes deben saber aprovechar este canal porque ha venido para quedarse sí o sí.

El miedo a la pandemia ha creado nuevos consumidores. Y es que mucha gente ha cogido realmente miedo a las aglomeraciones y, aunque se ha levantado el confinamiento, nunca volverá a sus antiguos hábitos de consumo de vino. Hay realmente miedo a entrar en un bar por parte de la población a tomarse una copa de vino. Lo primero es la salud. Pues este porcentaje de bebedores de vino debe ser atendido pro las bodegas. Hay que buscar la mejor forma de que esos consumidores puedan atender sus necesidades.

Hay que ser conscientes de que habrá menos dinero para consumir en vino. Los estragos en el mercado laboral derivados del confinamiento sin duda harán que la gente tenga menos dinero para gastar en vino, pero sobre todo, para ir a establecimientos de hostelería o restaurantes donde consumían vino a un determinado precio (con el beneficio del establecimiento hostelero). Ahora, los clientes pueden disfrutar de ese vino en su casa por menos dinero que antes. Si antes salíamos a cenar 4 personas a un menú de 30€ por cabeza y nos bebíamos una botella de vino a un precio en el restaurante de 50€, ahora esas cuatro personas en su casa pueden realizar una cena y disfrutar de ese vino, muy probablemente a un precio bastante inferior que los 50€ que pagaban antes (no hay ni intermediarios y márgenes de establecimiento que encarezcan el precio del vino desde la bodega a casa). Si yo quiero determinado vino y la bodega me lo deja en casa y tengo menos dinero, prefiero bebérmelo tranquilo en casa a salir a pagar más por el sumándole además el importe de la cena.

Sobrelías Redacción

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