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Catamos la última añada de los vinos de Bodegas Valreinas, Ribera del Duero

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Bodegas Valreinas

Catamos la última añada de los vinos de Bodegas Valreinas, Ribera del Duero

Os acercamos la cata de la última añada de los vinos de Bodegas Valreinas, un proyecto muy joven que elabora sus vinos al amparo de la D.O. Ribera del Duero.

Ya os habíamos traído una breve presentación de la bodega y la cata de tres de sus vinos esta primavera pasada, concretamente de los vinos Valreinas Tinto Joven 2017, Valreinas Roble 2017 y Valreinas Crianza 2015.

Pero ahora aprovechamos para acercaros la cata de los cuatro vinos que elabora en su última añada. Así, os presentaremos la cata de Valreinas Tinto Joven 2019, Valreinas Roble 2019, Valreinas Crianza 2016 y Piripintado Rosado 2019.

Bodegas Valreinas es un proyecto muy joven, como ya os comentábamos antes, pero no por ello exento de tradición familiar, ya que son varias las generaciones de la familia que llevan elaborando vinos, pero es en el año 2017 cuando deciden dar el salto a la elaboración y comercialización como bodega, siendo el 2018 el año en que vieron la luz sus primeros vinos.

Momento de la última vendimia

Ubicada en la localidad burgalesa de Nava de Roa, sus elaboraciones son muy buen ejemplo de la tipicidad de el terruño de esta zona de Ribera del Duero, así como de la varietal empelada en su elaboración, mayoritariamente Tempranillo.

Bodegas Valreinas trabaja la viticultura de mínima intervención, con el máximo respeto al entorno del viñedo, lo que le permite a sus vinos, en sus diferentes elaboraciones, ser muy representativos y, sobre todo, expresivos y de sensaciones intensas.

En la cata de sus vinos se percibe muy nítidamente la influencia de la dureza del clima de esta zona, con oscilaciones térmicas muy amplias entre el día y la noche, lo que hace que la uva se ‘curta’ y aprenda rápido a sobrevivir en estas condiciones, siendo muy expresiva del terruño.

A continuación os dejamos las catas de los cuatro vinos de su última añada:

Valreinas Tinto Joven 2019

Monovarietal Tempranillo elaborado sin ningún tipo de crianza en cuanto a paso por barricas. Viñedos de 25 años de antigüedad.

Curios es encontrarnos un Tempranillo por Ribera del Duero sin paso por barricas (aunque de algún tiempo para acá ya se van viendo más).

Nos ha gustado más que la añada del 2017 que habíamos probado, ya que lleva menos tiempo en botella que tenía la añada anterior cuando la catamos, lo que nos ha permitido percibir más sensaciones provenientes de la fruta, sobre todo en nariz y algo en boca.

Un color muy varietal rojo picota. En copa parada, muy limpio y brillante. En movimiento, reflejos violáceos muy intensos. Capa media. Muy buen joven en vista, algo más intenso que la añada anterior.

Intensidad media, llena de fruta, sobre todo roja. Mucha frescura, más que la añada anterior. Pese a no tener crianza, se perciben ciertos toques balsámicos, aportes como regaliz y un fondo mineral.

Entrada media, fresca, suave, que da paso a un vinos que une bien fruta y acidez, dejando buen equilibrio en el paladar, con un paso medio, buena persistencia y final también medio.

Un vino con calificación de llegando a una puntuación de 89 puntos.

Valreinas Roble 2019

Un vino que, a diferencia del anterior, nos paso lo contrario que la añada del 2017 que habíamos catado. La crianza es de solo tres meses en barricas, pero mientras que el tiempo en botella que tenía en el momento de la cata era mayor que en el de esta cata del 2019, hace que el primero nos pareciera alga más complejo e influenciado por la madera, mientras que esta añada el 2019 sea algo menos compleja pero más fresca.

De elaboración similar, esta añada es más ‘de fruta’ (probablemente en un año más de botella, las catas se asemejen más). La complejidad existe, pero menos que en la añada del 2017.

Monovarietal Tempranillo. 3 meses de barrica. Complejo pero lo justo. Un color rojo burdeos algo menos intenso que la añada del 2017, lo que nos da una capa media tirando a alta, frente a la capa alta del 2017. Brillante y limpio. Reflejos violáceos y rubí ligeros en movimiento.

Intensidad mayor que la añada del 2017, con más fruta, toques de fruta negra, increibles siendo tan breve la crianza en barricas. Los aportes de estas están presente de forma muy sutil (como la añada anterior). Tostados, balsámicos, especias algo dulces y fondo mineral.

Entrada media y fresca, paso afrutado, de la mano fruta y madera. Elegante en paso, sedoso, fresco pero a la vez con carácter. Buena acidez que le da buena persistencia y capacidad de guarda.

Un vino que merece la calificación de , repitiendo la puntuación de la añada anteriormente catada con 90 puntos.

Valreinas Crianza 2016

Monovarietal Tempranillo, como los vinos anteriores, este con 12 meses de crianza en barricas de roble 50% francés y 50% americano. Viñedo también de 25 años de antigüedad.

Como la añada anterior del 2015, es un vino que me encanta en visa, ya que huye del tradicional cereza picota y se acerca más a un color ‘0burdeos’ muy brillante y limpio en copa parada. Capa alta y reflejos rubí en movimiento.

Complejo, intensidad media-alta, como la añada anterior. Muy buena conjunción de fruta y barrica. Muy nítida la presencia de fruta negra, incluso algo de fruta madura. Especias como la vainilla, muy inconfundible. Toques tostados, madera, cacao. Fondo mineral.

Boca de entrada amplia, potente, con paso amplio, voluminosos, con mucho cuerpo, pero con buena frescura gracias a una buena gestión de la acidez. Las especias presentes conjuntadas con la madera. Paso equilibrado y final bastante largo.

Un vino que se merece de nuevo la calificación de , con una puntuación de 91 puntos.

Piripintado Rosado 2019

El único vino de Bodegas Valreinas que aun no habíamos catado en añada anterior. Monovarietal Tempranillo que procede también de viñedo de 25 años de antigüedad.

Un rosado que me ha gustado mucho por su potencia y carácter, alejándose de los ahora conocidos rosados de ‘piel de cebolla’. Pasa 24 en contacto con los ollejos tras el sangrado de los vinos tintos, lo que le da un color intenso, que en copa parada es un color fresa, tremendamente limpio y brillante.

Para ser un vino rosado, presenta una alta intensidad en nariz, con mucha frescura y nitidez de aromas, destacando mucho la fruta, como fresas, frambuesas, algún toque cítrico, aportes florales, con un fondo mineral tipicidad del terroir.

Entrada en boca amplia, llena de fruta, muy buena acidez, paso con buen volumen, mucha fruta, acidez marcada que le da viveza en el paso por el paladar. Muy buena persistencia.

Un vino que se merece de nuevo la calificación de , con una puntuación de 89+ puntos.