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Bodegas Emilio Hidalgo, viaje a la historia del vino de Jerez y de España

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Bodegas Emilio Hidalgo, viaje a la historia del vino de Jerez y de España

La visita a la Bodegas Emilio Hidalgo es, sin duda, una de las experiencias que va mucho más allá que el mero hecho de conocer una bodega. Es realmente un viaje por la historia del vino de Jerez y del vino de España que nos permite ver como la familia Hidalgo ha plasmado su saber hacer a lo largo ya de tres siglos.

Una historia que arranca en la segunda mitad del siglo XIX cuando esta familia vitivinícola comienza a trabajar sus viñedos y levanta su bodega en la céntrica calle Clavel, Jerez de la Frontera,  siguiendo los cánones arquitectónicos de otras bodegas jerezanas que han permitido denominarlas como ‘catedrales’ del vino de Jerez tan conocidas y reconocidas a nivel mundial. Corría el año 1874.

Bodegas Emilio Hidalgo permite ver según se entra, sin duda, la grandeza de su bodega (edificio), que nos traslada en el tiempo, pudiendo palpar la gran tradición de los vinos jerezanos con sus elaboraciones en criaderas y soleras. Sus patios centrales, con paredes gruesas en sus naves de crianza, vemos los suelos de albero, unos techos altos, similares a las catedrales, con la presencia de las grandes ventanas en la parte superior cubiertas de esterones de esparto (lo que permite que entre aire fresco, evitan la luz solar y propician la humedad necesaria para mantener las condiciones ideales para que se desarrolle el velo de flor y la crianza oxidativa en los vinos). Sin duda, estamos ante una de las grandes ‘catedrales jerezanas’.

Ya a principios del siglo XX, D. Emilio Hidalgo e Hidalgo, trabaja a través de su propia delegación en Londres lo que le permite conseguir el reconocimiento internacional, así como aumentar la presencia en otros países a lo largo de todo el mundo. Fue D. Emilio quien adquirió viñedos en los pagos de Añina y Carrascal consolidando la imagen de la bodega que ha llegado hasta nuestros días en la misma familia Hidalgo, siguiendo la filosofía inicial de crear un estilo de la familia en sus vinos, atemporal, más allá de modas y estrategias comerciales. Cierto es que con el tiempo, herencias familiares en juego, esos viñedos tan prestigiosos se perdieron por parte de la familia, y en la actualidad, todo el mosto que entra en bodega pertenece a viticultores de la zona, de reputado prestigio, asesorados por la bodega, y fieles a los sistemas de viticultura impuestos por la misma.

Entrado ya el siglo pasado, concretamente a partir de las década de los ‘setenta’, la bodega comienza a realizar actividades de ampliar sus exportaciones, llegando a países como Holanda, Alemania, Austria, EE.UU, Japón, Dinamarca, Italia, Francia o Bélgica, además de consolidar la imagen de enorme calidad que tenían sus vinos en Reino Unido.

Visitamos Bodegas Emilio Hidalgo

Son las 12 del mediodía, arrecia el calor en el patio de acceso a la bodega. Nos recibe Juan Manuel Hidalgo, 5ª generación bodeguera de tan prestigiosa marca y director comercial a nivel nacional de la misma. Junto a él vamos a ser partícipes del recorrido por una bodega con mucha historia.

Bodegas Emilio Hidalgo

No es una bodega enfocada al ecoturismo al uso. Solo los verdaderos amantes del vino generoso Jerezano tendrán ese privilegio.

Bodega de dimensiones considerables que conocemos pasó a paso. Comenzamos la visita por el ala oeste, donde la familia ha reconstruido una antigua nave como sala de eventos y catas. Faltan cosas por hacer y pulir, pero van tomando forma.

Bodegas Emilio Hidalgo

Bodegas Emilio Hidalgo

Seguimos por la llamada sala del mosto, junto a unas pequeñas oficinas. Allí reposan los mostos jóvenes destinados a vino oloroso. Es digno de mención reseñar como Hidalgo busca la diferenciación de cada uno de sus vinos desde el origen, ubicando los diferentes mostos en lugares diversos. Digamos que para ser abuelos, primero necesitan ser niños, adolescentes, jóvenes y adultos, luego os lo explico mejor.

Hay varios patios centrales de una belleza considerable donde también reposan botas de oloroso principalmente. Las zonas más cálidas de la bodega están enfocadas a vinos generosos de crianza oxidativa, mientras que las zonas más aireadas y frescas se verán ocupadas por botas con mostos destinados a crianzas biológicas.

Una vez atravesamos esos patios, entramos en la bodega en sí, con sus diferentes salas. El poniente se empieza a notar levemente. Sala destinada a brandy es la primera que visitamos, por el mismo sistema de criaderas y soleras.

El olor embriaga la sala, aun llevando mascarilla, los aromas salpican el ambiente. Impresionante. Paredes gruesas en sus naves de crianza, vemos los suelos de albero, recién regados para conservar la humedad, unos techos altos, similares a las catedrales, con la presencia de las grandes ventanas en la parte superior cubiertas de esterones de esparto (lo que permite que entre aire fresco, evitan la luz solar y propician la humedad necesaria para mantener las condiciones ideales para que se desarrolle el velo de flor y la crianza oxidativa en los vinos) y alguna lámpara con decenas de años de historia. Sin duda, estamos ante una de las grandes ‘catedrales jerezanas’.

Llegamos a una pequeña nave de crianza donde reposan los finos jóvenes.

Comenzamos a catar algunos de ellos. Se nota su juventud y la clara presencia del velo en flor. Como antes os comentaba, Hidalgo busca diferenciar sus vinos por sus diferentes zonas de crianza. Cuando un vino está preparado para ascender de nivel, será transportado a otra nave para seguir su proceso de vida. Aquellos vinos o mostos capaces de mejorar con el tiempo llegarán a abuelos, y ocuparan la zona privilegiada de la bodega. Otros en cambio, se perderán por el camino e irán destinados al consumo de los afortunados humanos.

Llegamos a la nave de crianza principal, de dimensiones considerables. En la parte superior de sus vigas, se observa aun las marcas de cuando dicha nave pertenecía a tres miembros de la familia diferentes. Con el paso de los años los actuales propietarios fueron capaces de adquirir cada una de las partes de la bodega no exentos de unos cuantos problemas para hacerlo. No tuvieron tanta suerte con el viñedo, del que antes os comentaba, que por desgracia, uno de los propietarios anteriores, también hidalgo de apellido, decidió vender a personas ajenas a la familia.

Como os comentaba, ya nos encontramos en la nave principal. Aquí sí que el viento de poniente se hace notar. Albero recién regado. Mucha frescura en el ambiente. Aromas indescriptibles. Juan Manuel me hace llegar la presencia de multitud de arañas, con sus tejidas telarañas en decenas de botas.

No quieren deshacerse de ellas, ya que son participes de evitar en muchos casos, enfermedades de la madera producidas por las polillas. No siempre lo consiguen, hay muchas botas dañados por ese motivo, que tienen que ser reparadas a diario. Botas de diferentes tamaños y añadas, normalmente de 500 o 600 litros. Pero las hay de otros tamaños. Antaño no había una receta para fabricarlas todas iguales, y eso se nota. Muy curioso.

En el ala este de esta nave principal se encuentra el buque insignia de los Hidalgo. “Fino la Panesa”. Un fino viejo, con un velo un poco apagado, pero que cuando lo demenciamos en copa, nos demuestra su poderío, elegancia, sedosidad. Una brutalidad de fino. El precio del mismo no es barato, pero si alguien quiere probar un fino de Jerez en su máxima expresión, ese es “La Panesa”.

Cometo el error (por suerte) de hablarle en fase de cata de un fino amontillado…. Bendito error. La experiencia que vivo junto a él es maravillosa. Todas las fases de un mosto para llegar a ser un amontillado viejo pasan por mi paladar….

Fino joven, con tres años de crianza, Fino Panesa, 15 años de crianza bajo velo aun latiente, Fino Amontillado (me acerco a la bota, enciendo la linterna y puedo observar como ese fino empieza a perder el velo en flor), Amontillado con 30 años de crianza, ya encabezado y sin velo, y por último, un Amontillado Viejo, con casi 80 años de crianza. Todos esos vinos catados desde la misma bota. Una maravilla. Un lujo. Atravesamos la nave de este a oeste. Vinos más criados, más viejos, más puros, más increíbles nos esperan. Jerez en estado puro.

Antes de marchar, volvemos a la sala del mosto, donde reposaban esos olorosos jóvenes. Catamos algunos de ellos. Villapanés Oloroso Viejo, Marqués de Rodil Palo Cortado, El Tresillo Amontillado…. Son algunos de los vinos que podemos compartir junto a Juan Manuel.

Tradición hasta nuestros días

La familia Hidalgo mantiene la filosofía que desde su inicio D. Emilio Hidalgo, elaboración de vinos con ‘su estilo’, atemporales, que reflejen sin duda el terroir jerezano, el estilo propio que permite realizar un viaje de sensaciones durante la cata de cualquiera de sus vinos.

Olorosos, Pedro Ximénez, Palo Cortado y Fino, bajo una de las marcas más antiguas de la Casa, como es Bodega Privilegio, son un ejemplo del espectacular saber hacer que nos deja esta bodega, emblemáticos vinos dentro de los generosos jerezanos.

Además, el Pedro Ximénez Viejísimo Santa Ana 1861, nos muestra lo que es un vino dulce natural procedente de esta varietal muy madura, una reliquia de la familia fundadora de la bodega, de la que cada año se realizan dos sacas de 150 botellas llenadas directamente a mano como se realizaban en el pasado y con el que Bodegas Emilio Hidalgo rinde homenaje a la labor bodeguera respetando la esencia y forma de embotellar de antaño.

Nuestra visita termina, pero no me quiero despedir sin dar las gracias por el trato recibido. Ha sido una de esas visitas de las que no se olvidan.

Ricardo Gil

Riojano ante todo, de los que piensan que para saber catar un buen vino antes debe catar muchos malos. Este mundo del 🍷 necesita más humildad y menos medallas. Salud!!

Docente en Higher Master Sumiller Mercados del Vino - Enoteca Khantaros

Instg: @ricardogilrodriguez

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